Vecinos ilustres de Baños de Montemayor (III)

María Flores Rengifo y Juan Flores Rengifo (doctor Rengifo), vida y legado

El apellido Flores (Flores-Rengifo y Flores de Tórtoles, que descienden del mismo tronco), como se explica en el estudio genealógico de este apellido, es uno de los más importantes en la historia genealógica de Baños de Montemayor. Entre sus descendientes cuenta con un buen número de sacerdotes, localizando las primeras referencias a finales del siglo XVI y principios del XVII. En la entrada titulada Viajeros bañenses al Nuevo Mundo, se nos cuenta la vida de los primeros miembros de esta familia que emigraron a América como misioneros y alguno de ellos ocupó cargos importantes dentro de la Iglesia de las Indias.

Otros ocuparon puestos religiosos gracias a la capellanía y obra pía que fundaron y dejaron para sus familiares el doctor Juan Flores-Rengifo, doctor en Teología y canónigo de la catedral de Coria, y su hermana María Flores-Rengifo.

María Flores Rengifo (1569-1621)

Se bautiza el 28 de agosto de 1569, en la parroquia de santa María de Baños de Montemayor. Hija de Gaspar Hernández, escribano de oficio, y Catalina Flores-Rengifo González. Hacía el número dos dentro de los cinco hijos que tuvo el matrimonio, siendo el mayor de ellos el doctor Rengifo.

Partida de bautizo de María Flores Rengifo, 1560

Cuando murió su madre, su padre Gaspar Hernández tomó los hábitos y llegó a ser nombrado sacerdote en la parroquia de Puerto de Béjar, viviendo allí junto a su hijo Juan (doctor Rengifo) durante una parte de su vida. Estamos hablando de finales del siglo XVI y principios del XVII.

María Flores Rengifo contrajo matrimonio en segundas nupcias con Alonso Botello Figueroa, el 28 de septiembre de 1602 en Puerto de Béjar. Al poco de casarse tienen un hijo llamado Antonio.

Partida de matrimonio de María Flores Rengifo, 1602

Su marido Alonso Botello muere en 1603 y en este año se produce un episodio curioso según se desprende de un interesante documento que paso a detallar. En octubre de 1603 María Flores Rengifo siendo vecina de Puerto de Béjar, y una vez fallecido su marido Alonso Botello, solicitó al Corregidor de Béjar que nombrara un tutor legal para su hijo pues ella no quería hacerse cargo del mismo.

El Corregidor nombró tutor legal del niño a su abuelo Gaspar Hernández,

Para cumplir tal disposición el mismo día que se solicitó fue el escribano a Puerto de Béjar, a casa del abuelo del niño y padre de la madre del niño, y al no hallarle en casa, se dirigió hacia su hijo el doctor Rengifo quien le comentó que su padre no estaba ni en casa ni en el pueblo y que en su opinión su padre no debía de aceptar ser el tutor de dicho niño ni lo iba a hacer.

El asunto se solucionó dos días después en la villa de Béjar donde el alcalde de esta villa y teniente de Corregidor decidió que Gaspar Hernández debía ser el tutor legal del niño, bajo pena de prisión. Cuestión que se le comunicó por parte de su procurador a Gaspar Hernández.

Según el testamento cerrado que dejó María Flores, ante Andrés García, escribano de Baños, en 24 de febrero de 1621, el cual se abrió en agosto de dicho año, ésta, dejó como heredero de todos sus bienes a su hermano Juan Flores, con la condición de que después de la muerte de él, distribuyese la hacienda de ambos en obras y mandas pías. Así, aceptando el doctor Rengifo tales condiciones fundó y situó una capellanía colativa de toda su hacienda raíz, en la iglesia de Santa María, englobando su hacienda, heredades tanto en Baños de Béjar, Baños de Montemayor, Peñacaballera y Abadía.

Juan Flores Rengifo (doctor Rengifo), 1567-1637

Juan Flores Rengifo, bautizado en la iglesia de santa María de Baños de Montemayor el 20 de agosto de 1567 y murió el 1 de diciembre de 1637 en la ciudad de Coria. Hijo del escribano Gaspar Hernández y Catalina Flores-Rengifo González, fue el mayor de los cinco hijos que tuvo el matrimonio.

Partida de bautizo de Juan Flores Rengifo, 1567

Doctor en teología y canónigo en la diócesis de Coria, fundó una capellanía de misas y una obra pía en 1635, (con un marcado sello social y que aún sigue vigente pero muy mermada en su patrimonio), cuya base raíz fueron las heredades suyas y las que heredó de su hermana María Flores-Rengifo, como así se dejó escrito en el testamento de ella de fecha pues dejó como heredero a su hermano con la condición que después de la muerte de él, distribuyese la hacienda de ambos en obras y mandas pías. Así, aceptando el doctor Rengifo tales condiciones fundó y situó una capellanía colativa (instituida con aprobación del Obispo) de toda su hacienda raíz, en la iglesia de santa María, englobando su hacienda, heredades tanto en Baños de Béjar, Baños de Montemayor, Peñacaballera y Abadía.

Legado: capellanía y obra pía

Capellanía

La fundación de capellanías estaba reservada exclusivamente a la elite local (presbíteros, propietarios de tierras, etc.). Se dieron sobre todo en los siglos XVI y XVII, viéndose una disminución progresiva hasta que a finales del XVIII, se dieron las primeras medidas para que no se instituyera capellanía alguna sin Real licencia y además se promovía la enajenación de sus bienes. Las capellanías lograban un triple objetivo, por un lado, se aseguraba la manutención de los clérigos, se invertía en sufragios por el alma del fundador y además se conseguía eximir de impuestos o cargas fiscales a los bienes patrimoniales, porque pasaban a tener la categoría de eclesiásticos.

Varias capellanías se fundaron en ambas parroquias de Baños, pero la más importante por su dotación económica y por el número de heredades fue la que fundaron tanto María Flores como Juan Flores, dejando congrua sustentación (renta de una capellanía para poder sostener dignamente a su titular), con carga de tres misas cada semana en la parroquia de Santa María y se debían decir sábado, domingo y lunes y la debía decir el capellán, luego de ser ordenado sacerdote y no por sustitutos, salvo por enfermedad.

Aparte de dichas misas debían oficiarse diecisiete más, dentro de las cuales dos eran cantadas, una el día de los Santos Inocentes en la parroquia de Santa María con asistencia de niños y el maestro de la escuela, a quienes el capellán debía convidar con dos piezas de fruta del tiempo por carga de tal capellanía, (donativo que ha ido cambiando según los tiempos pasando de la fruta a otros alimentos como pan y hoy día se les da cierta cantidad de dinero).

La otra cantada también, debía decirse en la parroquia de Santa Catalina el domingo de Cuasimodo. Las otras quince que restan para las diecisiete, se debían decir, ocho en una de las parroquias y las siete en la otra, alternándose cada año. Estas misas estaban destinadas a salvar el alma de su hermana y la suya propia, así como la de sus padres y mayores.

Para el nombramiento de capellán lo hace al pariente más cercano, pero con ciertas condiciones, entre ellas: “Yten mando que mi Capellán ha de ser christiano viejo, limpio de toda mala raça de judíos y moros y de los nuebamente convertidos a nuestra sana fe cathólica ni castigada por el fallo de la Inquisiçión…»

Por último, nombra como patronos de su capellanía a los alcaldes y regidores de Baños, tanto de una como de otra jurisdicción, dándosele a cada uno un ducado, (sumaban ocho en total) aunque en su codicilo de 26 de noviembre de 1637, entre otras cosas, ordenó que se les dieran diez ducados en vez de ocho a dichos patronos.

En 1689 en la visita efectuada a Baños por el obispo de Coria, se comprobó que no se había sacado por escrito en ningún Libro de Visita de la parroquia de santa María, la fundación de la capellanía y obra pía, por lo que se buscó el testamento original de 1635 y codicilo de 1637, anotándose en esa fecha.

Original de 1689 donde se especifica la fundación de la capellanía y obra pía del Doctor Rengifo

Memoria o manda pía

Cuando al vecino de Baños, le llegaba la hora de la muerte, en el momento de su última voluntad, quería redimir todos sus pecados, egoísmos y actitudes que pudieran haber dado lugar a un distanciamiento con Dios. Una faceta más de esa posible salvación consistía en otorgar mandas pías, entendiendo éstas como obras de beneficencia o de culto. Lógicamente esta caridad va dirigida más a la salvación de la persona del otorgante que a socorrer a las penurias de los posibles beneficiarios.

Las mandas libres las realizaron, los integrantes de la elite local de Baños, -labradores, presbíteros, hidalgos y tratantes-, no teniendo la misma oportunidad los que menos recursos económicos tenían. Estas mandas iban dirigidas sobre todo a pobres, ambas parroquias, cofradías, hospitales, capillas, y ermitas tanto del pueblo como de los alrededores. Normalmente se destinaba una cantidad de dinero que variaba según los distintos años; donándose también bienes materiales a las iglesias y ermitas para el adorno y culto de las imágenes instaladas en sus altares y capillas.

Por su parte el doctor Rengifo recoge en su testamento que de los réditos de los censos donados a la iglesia de Santa María al final de su vida, se pagaran ocho ducados (88 reales) para los patronos y del resto se hicieran dos partes, una para dotar a huérfanas pobres de su linaje y de la otra se debían sacar primero seis mil maravedíes (176 reales) para un maestro de escuela que enseñara a los niños de ambas partes del pueblo a leer, escribir y contar, y de lo que restare se dotara a una huérfana pobre no parienta suya, teniendo que tener ésta las mismas calidades que las de su linaje.

El nombramiento de estas huérfanas, -así como el maestro de escuela y capellán- debía hacerse el día de San Juan, juntándose para ello los alcaldes y regidores más antiguos de ambas jurisdicciones, -cuatro en total- y el cura más antiguo de Santa María, que entre los cinco elegían las más idóneas. La condición para su elección era que debían desposarse dentro del año de su nombramiento y si no se desposaba en dicho año, se debía repartir la dote entre todos los pobres de Baños, tanto de una como de otra jurisdicción, aunque cabían varias excepciones.

En 1899 el ayuntamiento en honor al doctor Renfigo y a su obra social de ayudar a huérfanas y pobres de la localidad, le dedica una lápida situada hoy día en el suelo de la iglesia de santa María. Si nos fijamos en la lápida, la fecha de defunción que aparece es la de 1635, cuando su muerte se produjo en diciembre de 1637 como así consta en el libro de defunciones de Coria -ciudad donde murió el doctor- existente en el Archivo Diocesano de Coria-Cáceres. Por tanto, la fecha que aparece en dicha lápida es la de su testamento y no la de su defunción.

Lápida del doctor Rengifo situada en la parroquia de santa María

En abril de 1904 la corporación local, decide dar un tributo de gratitud a Juan Flores Rengifo, por ser según palabras textuales «bienhechor de las huérfanas y pobres de esta localidad», acordando poner el nombre de «Doctor Rengifo» a la calle que por entonces se denominaba calle Mayor desde los números 57 y 74.

Fotografías de la actual calle doctor Rengifo

Haz clic aquí para ver el testamento y codicilo del Doctor Rengifo

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