Serenos en Baños de Montemayor

Según un documento del Archivo Municipal de Baños de Montemayor a primeros de febrero de 1857, la corporación municipal decide crear tres plazas de serenos con el fin de acabar con la inseguridad de robos y otros incidentes que se producían en el pueblo. Incidentes y robos producidos y en parte justificados por la escasez de recursos de algunos vecinos y la miseria de otros. ­Recordemos que dos años antes, la incidencia del cólera morbo afectó gravemente a la economía de muchos vecinos.

El fin primordial de la creación de estas plazas era, además de cumplir con los estatutos creados, impedir por los medios que disponían, los robos, insultos en las casas o personas que transitaran por las calles, escalamiento de ventanas o edificios, las riñas, carreras, cánticos, silbidos, las rondas nocturnas de mozos, las palabras ofensivas a la moral, religión y decencia, y todo lo que pudiera perturbar el descanso y reposo de los vecinos. Para ello debían inspeccionar y vigilar en el pueblo cualquier falta que vieren dando el aviso si por sí solo no pudieran remediarla, a la persona o autoridad a quien correspondiera.

Entre las obligaciones de los serenos estaban:

Observar y respetar las órdenes que recibieran del jefe o cabo que los dirigiera.

Tenían que prestar inmediatamente auxilio al vecino que lo reclamara para llamar, acompañar o buscar facultativo, medicamentos o auxilio espiritual, procurando en la medida de lo posible no salir de sus distritos.

Debían perseguir a los jugadores y mal entretenidos, entregándolos a la autoridad a cuyo fin vigilarían las casas sospechosas de juego y prostitución.

No debían permitir reuniones o grupos de personas detenidas en las calles, plazas previniéndolas para que se retiraran a sus casas.

Tenían que evitar que circularan por las calles, borrachos y mendigos, conduciéndoles al depósito municipal en el caso que así los hubiera. Asimismo, debían prohibir que ningún vecino anduviera por la calle con la cara tapada o tiznada para no ser conocido.

Prestar apoyo y auxilio al forastero que llegara a horas altas de la noche a esta población en demanda de posada o busca de alguna cosa o persona.

Si hubiera incendios debían anunciar en voz alta el punto donde se notase, dando aviso a los dueños del predio que se quemara y luego al alcalde o su teniente.

El traje usado por estos serenos consistía en su traje natural, chuzo o lanza, pito o silbato y farol encendido y alumbrado por cuenta del ayuntamiento, con media panilla de aceite y las armas que para tal uso autorizaba la corporación municipal.

Debían reunirse todas las noches en la puerta consistorial a las 21,00 horas. El horario era desde primeros de noviembre hasta fin de abril, desde las 21,00 horas de la noche, y el resto del año desde las 22,00 horas. En días de fiesta empezaban a la hora de anochecer. Una vez reunidos se repartían por la población, según las órdenes recibidas y debían permanecer en los distritos que se les señalara y tenían que anunciar a cortos espacios de tiempo la hora y estado de la atmósfera. Se reunían durante tres veces en la noche, al principiar, a media noche y a la hora de la retirada para darse novedades de sus respectivas demarcaciones que normalmente eran las cuatro de la mañana o al amanecer.

Si alguno de ellos necesitaba ayuda de los otros, lo podía solicitar a cualquier hora, obligándose a prestar el auxilio necesario y si alguna persona solicitaba que le acompañara lo debía hacer sin salir de su demarcación.

Por ultimo para desarrollar su trabajo se debían comportar con palabras decorosas y afables, persuadiendo con razones propias del caso y no prevalerse sino en casos extremos de la autoridad de su cargo.

Los primeros serenos nombrados en 1857 por la corporación municipal fueron Alejandro Campo Andrino, Juan Sánchez, el artillero y Antonio López Colmenar, todos vecinos de este pueblo, con un sueldo de cuatro reales diarios. En abril de 1868 se nombra un cabo o jefe inmediato que recayó en Félix Regidor, y los otros tres serenos fueron Agustín Belloso Mandado, Juan Sánchez, el artillero y Pedro González del Vado. El sueldo seguía siendo el mismo, cuatro reales diarios que cobrarían por quincenas.

Pero el 7 de octubre de 1868 ese reúne la corporación municipal y decide en vista de la falta de recursos, suprimir las plazas de serenos que existían entonces.

El 26 de abril de 1872, al ser tiempos revueltos, políticamente hablando, y para poder recuperar el orden se decide por parte del ayuntamiento crear cuatro plazas de serenos que continuaran el desempeño con el sueldo que disfrutaban cuando las mismas plazas fueron suprimidas, siendo nombrados los mismos serenos que existían anteriormente.

De nuevo fueron suprimidas las plazas de sereno una vez calmada la situación política y en 1883, se acordó la creación de solamente dos plazas de sereno con el sueldo dé una peseta diaria, con la disposición que si más adelante se creyera necesario se aumentaría con otra plaza. Los designados fueron: Agustín García Guardado y Ezequiel Guardado Regidor.

Para ver como actuaban los serenos en determinados casos que se le presentaban durante el ejercicio de su cargo traigo dos ejemplos que aclaran bien los riesgos de su oficio.

El 25 de julio de 1913 a las 23,00 horas estando de servicio el sereno Valentín del Vado por las inmediaciones del balneario observó que el vecino Serapio S. y un forastero que con él estaba, cuestionaban fuertemente con otros vecinos, por lo que en vista del escándalo que estaban formando el sereno les llamó la atención y el forastero le dio un empujón por lo que dicho sereno trató de conducir al forastero a la cárcel y entonces Serapio se opuso manifestando que no lo hiciera porque entonces iría a casa por la escopeta y pasearía por el pueblo hasta encontrarle y luego ya vería lo que hacía. En vista de la resistencia que pusieron y ante la falta de fuerza suficiente requirió el auxilio de sus compañeros y también de la Guardia Civil. Una vez presentes dieron una vuelta por el pueblo hasta que encontraron a Serapio en la calle del Caño donde vieron que llevaba una escopeta de dos cañones y canana con once cartuchos. Se le requisó la escopeta y fue llevado a la cárcel.

El día 23 de junio de 1915 estando el sereno (también llamado en esta época guardia municipal nocturno) Escolástico Castro prestando sus servicios en compañía de Valentín del Vado y Juan Mandado, también serenos, se encontraron sobre las una de la madrugada en la calle Mayor con un grupo de jóvenes compuesto por Anselmo D, Jesús C, Luis R y algunos vecinos más, cantando y tocando una guitarra, por lo cual los serenos les llamaron la atención para que se callaran y no dieran escándalo y que si querían tocar que fueran a las afueras del pueblo, pues ya sabían que sin permiso de la alcaldía no  podían hacerlo. El grupo se disolvió, pero quedaron los tres vecinos nombrados anteriormente, diciendo que irían a ver al alcalde para que le autorizaran tocar y cantar por el pueblo a lo que los serenos se opusieron. 

Más tarde dando vuelta por el pueblo se encontraron los serenos de nuevo con los tres jóvenes a los que dijeron los serenos si estaban burlándose de ellos, que se retiraran o los tres irían al calabozo. En esto Anselmo fue el que dijo que esa noche no había en el pueblo nadie que le llevara al calabozo, por lo que viendo la resistencia que oponía fueron llevados los tres al calabozo, aunque el que opuso resistencia fue Anselmo al que posteriormente se le requisó un puñal que llevaba en su poder.

Al parecer por las declaraciones efectuadas por los detenidos, éstos tenían en mente hacer acostar a los serenos con la ayuda de más jóvenes, pues ya otras noches les habían prohibido cantar y tocar la guitarra, pero al final se echaron para atrás y bien lo definió Anselmo con las siguientes palabras “Esto es lo que me jode, hablar en casa para hacer una cosa y volverse gallina en la calle”, en clara referencia a sus compañeros que no hicieron lo que se proponían.

Los últimos serenos que patrullaban las calles de Baños desparecieron a mitad de los años cincuenta del siglo XX. Pongo una pequeña relación de algunos vecinos que también fueron serenos, aparte de los referenciados anteriormente: Filomeno Marín Marín, Saturnino Mandado Álvarez, Santiago Díaz Millán, Rufino Muñoz Belloso, Manuel Gunilla Benito.

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