Relaciones entre la iglesia local y el concejo de Baños durante su separación jurisdiccional

La nota dominante que se deduce de los datos estudiados, es que estas dos instituciones se mantuvieron separadas, no inmiscuyéndose, en general, los eclesiásticos en los asuntos del concejo ni los oficiales en los asuntos eclesiásticos. No obstante, este principio general tuvo sus excepciones como se deduce de la presencia de clérigos en algunas reuniones o actividades del concejo (cartas de vecindades, participación en los interrogatorios del Catastro General del Marqués de la Ensenada) y del interés del concejo por algunas materias de índole moral (Ordenanzas Municipales de 1628: “Título primero: de lo que los vecinos deste lugar de Vaños an de guardar”).

A veces la colaboración es completa entre estas dos instituciones. En este caso, hacen causa común el concejo y la iglesia de la parte de Montemayor para defender sus derechos frente a la parte de Baños de Béjar cuando la concordia entre las dos jurisdicciones no estaba asegurada:

En el libro de visitas de 1645 se ordena lo siguiente: “Mandamos que por quanto el archivo de esta yglesia tiene tres llaves, las quales tienen el benefiçiado y los dos conzejos de este lugar, de que se sigue que tal vez no quiera dar la suya el de la jurisdiçion de Bexar y que dicha iglesia tenga neçesidad de sacar alguna de sus escrituras e no sea señora de lo que es suyo, mandamos que el tal archivo no tenga más de dos llaves y que la una tenga el benefiçiado de dicha iglesia de Santa María y la otra el alcalde más moço de este conçejo de Montemayor”.

Ahora bien, donde realmente las buenas relaciones llegan a su punto máximo es cuando se celebran las fiestas religiosas, donde la colaboración es mutua. El concejo aportaba siempre una cierta cantidad de dinero, o bien se hacía cargo de los gastos que ocasionaba dicha fiesta:

En la relación de gastos de 1726 aparecen partidas dedicadas a sufragar gastos eclesiásticos: “Yten a los mayordomos de señor San Miguel según estilo doçe reales. Yten quatro reales y medio del canzelaje de la razión día de Santa Catalina, al padre predicador y de la posada al mismo treinta reales. (Gastos de Concejo de 1726). A.M.B.

Pero había casos donde la desavenencia entre ambas instituciones era más que palpable:

1. En 1705 se interpuso pleito entre la justicia local de la parte de Béjar y los eclesiásticos de la iglesia de santa Catalina, en relación con el sitio que debían ocupar cada uno de ellos en dicha iglesia. La justicia local tenía dos escaños en los antepechos del coro, siendo quitados por parte eclesiástica, circunstancia que fue vista por los oficiales como una forma de presidir lo eclesiástico sobre lo civil. Tanta importancia tuvo este pleito que fue necesaria la presencia del corregidor de Béjar y obispo de Plasencia, que mediante decreto determinaron que dichos antepechos volvieran al coro pero ahora de costado y los eclesiásticos se situaran en los bancos de tramito de respaldo, quedando así pues separados y todo ello fue escriturado en 1707.

Iglesia parroquial de santa Catalina

2. En 1648 se creó un problema de asistencia a la iglesia de Santa María, puesto que el cura vivía lejos de ésta y no podía abrirla a tiempo, resultando que a veces los labradores no podían oír misa antes de ir al trabajo, por lo que para remediar esto, el concejo de Baños parte de Montemayor, solicita al obispado de Coria interceda para su solución, argumentando dicha petición de la manera siguiente:

 “…por las necesidades de los fieles tienen de acudir con las armas espirituales  a pedir a Dios nos defienda de la peste y guerras mandando al sacristán obligándole a que tenga la yglesia abierta para dicho efecto común que siempre a estado y por nunca de ella ha faltado cosa alguna por dicha razón y dicha yglesia como a bien le consta y a bisto por bista de ojos es más segura que otras por estar como está en medio del lugar en la calle Real toda cercada de casas y veçindad y muy segura y guardada”.

La contestación del obispado de Coria, resuelve en este caso a favor del concejo, o mejor dicho de los fieles. Veamos el auto:

“Se manda a Santos Baxo sacristán y a los que  fueren del lugar de baños, jurisdizión de Montemayor tengan abierta la yglesia parroquial de Santa María desde hoy 26  de mayo de 1648 desde todos los santos hasta fin de febrero, desde las ocho de la mañana asta las onze del día y desde principios de marzo hasta fin de octubre desde las çinco y media de la mañana hasta las diez del día y en las tardes abra la yglesia las vísperas y día de fiesta que toque a vísperas y la dexe abierta una hora después de acabar las vísperas y en la quaresma esté abierta toda la tarde asta que sea de noche y en las Pascuas, días de la Asunçión, de Santísima Trinidad, del Hábeas, Conzepción de Nuestra Señora y su Natividad y Purificaçión y día del Santo, días de todos los santos esté abierta la yglesia y así se cumpla”. (Libro de Visitas de santa María (1635-1732) A.P.B.

Iglesia parroquial de santa María

3. Uno de los casos más graves y a la vez el más curioso, fue el que ocurrió en los primeros años de la década de 1730.

En septiembre de 1730, los alcaldes y regidores de Baños jurisdicción de Béjar se quejaron ante el obispado de Plasencia que el cura párroco de santa Catalina, Juan López de Rivera y Moyano, daba pie a murmuraciones y escándalos por las frecuentes entradas y salidas en su casa de una mujer casada, vecina del pueblo, y que hacían ciertas demostraciones poco decentes, y más, según éstos, “siendo la mujer casada”.

El juez o provisor y vicario general del obispado de Plasencia, Gaspar Méndez Barrionuevo, ordenó al cura párroco que no tratase más con esa mujer ni en público ni en privado pena de excomunión mayor, poniéndole por tales actos una multa de 20 ducados.

El 8 de agosto de 1732, nuevamente los alcaldes y regidores de la parte de Baños de Béjar, vuelven a quejarse ante el juez episcopal por el hecho de haber reincidido en los escándalos y habladurías con dicha mujer casada. Esta vez los cargos municipales lo hicieron con más insistencia, pues delataron al cura párroco ante el obispo y éste mandó que saliera del pueblo el sacerdote y que antes de doce horas se presentara personalmente ante el obispado con los testigos que pudiera presentar. Dado que los testigos que presentó el sacerdote declararon a favor del mismo, se mandó parar el secuestro de sus bienes y siguió ejerciendo su oficio normalmente.

En enero de 1733 el provisor de la ciudad de Plasencia recibe de nuevo una queja por parte del poder civil de Baños de Béjar, sobre que el cura había faltado al cumplimiento de anotar las partidas de bautismo, casados y velados y difuntos, como así se comprobó por parte del vecino y presbítero, Fernando Flores, quien dijo que faltaban del libro de bautizados 181 partidas, 37 partidas defectuosas de velados y casados y 21 de difuntos.

El provisor mandó al fiscal las diligencias comprobándose que efectivamente había faltas y añadió que cuando cursó visita a Baños en 1730, él mismo comprobó que también faltaban algunas partidas, por lo tanto, se decidió que el sacerdote quedara suspendido de ejercer su oficio. 

En marzo de 1733 y viendo que se acercaba la semana santa, el provisor concedió licencia al sacerdote para que volviese a su casa mientras las pruebas estaban revisándose. Pero el 11 de abril de 1733 se dio auto del provisor en el que, confiando en la enmienda del sacerdote, se le mandó soltar de su destierro en la ciudad de Plasencia, no sin antes pagar 1.000 maravedíes para la fábrica de la iglesia de santa Catalina, haciéndose las diligencias necesarias para que se le obligara a escribir en los libros las partidas parroquiales que faltaban en el plazo de un mes bajo pena de excomunión y 50 ducados de multa.

Distintas quejas por no tener las partidas anotadas y certificación de haberlas puesto (1720-1733)

En vista de estos hechos, el 20 de mayo de dicho año se escribe por parte de los alcaldes y regidores de Baños de Béjar al obispo de Plasencia, dándole cuenta de todas las causas que se han mencionado contra dicho sacerdote y también la afirmación que hizo este ante el Corregidor de la ciudad de Plasencia, de que la villa y tierra de Béjar y en particular el pueblo de Baños, tenía más vecinos y propiedades que los que anotaron los escribanos en sus testimonios. Las autoridades civiles ruegan al obispo que visitara el pueblo para que comprobara la falsedad de tal denuncia, con la condición que no estuviera presente en el pueblo el sacerdote, para que se hiciera la visita con libertad y comprobara que en el pueblo algunos vecinos no quería bautizar a sus hijos en el pueblo y acudían a otros pueblos ante la gran desconfianza que tenían sobre el sacerdote.

El obispo cursó visita a Baños de Béjar y pudo comprobar una vez examinados más de veinte vecinos, que se justificaba plenamente la queja dada por los miembros de la corporación municipal sobre los excesos cometidos por dicho sacerdote a la hora de anotar las partidas parroquiales. Pero el 23 de mayo, pese a todas las pruebas, el sacerdote queda libre de culpa y vuelve a ejercer su oficio en la parroquia de santa Catalina. 

Pero este hecho en vez de calmar los ánimos de aquellos que se definían contrarios al cura párroco causó el efecto contrario y la inquietud se apoderó de estos vecinos. Así ,en la noche del lunes 16 de noviembre de 1733, se prendió fuego en la puerta donde vivía el cura párroco en la calle del Castañar. El fuego quemó la angarilla que antecede a la puerta y también la parte de abajo de las puertas. Este hecho fue posible al poner intencionadamente leña entre la angarilla y la puerta y una piedra al lado para que no se cayera dicha leña. El cura párroco al apagar el fuego sufrió quemaduras en dos dedos de la mano derecha y el caso es que nadie acudió a sofocar el fuego, ni los miembros de la corporación municipal, ni vecino alguno. El hecho que los regidores municipales no fueran a saber del fuego el mismo día ni en los días sucesivos fue el motivo de que se les arrestara en la ciudad de Béjar por la justicia real, a instancias de la autoridad eclesiástica.

Antigua casa del sacerdote (a la izquierda de la fotografía) convertida en la actualidad en el Centro de Interpretación Vía de la Plata y albergue.

El provisor puso causa eclesiástica contra los alcaldes y regidores, así como el escribano, acabando todos en la cárcel de la ciudad de Béjar con el cargo de no auxiliar al cura párroco y olvidarse de sus obligaciones como regidores civiles. Se les acusaba también de que los gastos de las costas judiciales de los ministros de la audiencia eclesiástica de la ciudad de Béjar, que vinieron a Baños a investigar el incendio, se pagaron de las arcas del concejo.

En marzo de 1734 se hace auto Real donde se dice que la causa que mandó hacer el provisor de la ciudad y obispado de Plasencia ante la Real Chancillería en referencia al incendio de la casa del sacerdote de Baños de Montemayor, quedaba sin efecto, pues el provisor no dejó que el alcalde mayor de la villa de Béjar tuviera conocimiento de ella en cuanto a la imposición de penas. Se pide por tanto al provisor que se aparte de conocer dicha causa, dándole la razón al alcalde mayor de Béjar, y dando por nulo todo lo que hubiera dicho y ejecutado por parte de dicho provisor. Remitieron el pleito al alcalde mayor de la villa de Béjar.

Todo esto fue para poner quietud al pueblo ya que las partes seguían estando encontradas y lo que le dijeron al provisor es que él se dedicara a imponer penas espirituales en razón de su cargo.

En resumen, el poder civil se impuso en esta causa sobre el poder religioso.

6 comentarios sobre “Relaciones entre la iglesia local y el concejo de Baños durante su separación jurisdiccional

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  1. ¡¡ Vaya intríngulis!! Como corresponde a un pueblo con 2 jurisdicciones. Qué movidito era mi pueblo.¡¡Que bien lo has diseccionado!! Gracias otra vez.

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