Niveles educativos durante la separación jurisdiccional de Baños de Montemayor

El carácter rural de la población de Baños de Montemayor, antes de su unificación en un solo pueblo (1836), como el de la mayoría de los lugares de su entorno, marcará un nivel educativo caracterizado por una alta analfabetización de sus habitantes, sobre todo los campesinos y artesanos. Frente a la cultura escrita estos grupos desarrollarán por tanto una tradición oral de refranes, cuentos, canciones y sobre todo sermones, donde se difundían normalmente las ideas y conductas de la época. 

Como consecuencia de las reformas religiosas la iglesia será el centro de instrucción de niños y adultos en las verdades de la fe. El párroco con los sermones y sobre todo con la enseñanza sistemática del catecismo va a proporcionar una educación cívica, moral y religiosa, colaborando en la tarea educativa desarrollada por el maestro, al que vigila y controla en su ejercicio docente para evitar incurrir en desviaciones de conducta. Serán particularmente los presbíteros de las dos iglesias parroquiales, y también el maestro de escuela, quienes impartirán el catecismo tanto a niños, en el caso del maestro, como a niños y mayores los días de fiesta y los domingos, en el caso de los presbíteros. En el mandato general de 1826, se ordena al cura párroco de Santa Catalina lo siguiente:

  “Que como también la educación primaria es la escala de la formación del hombre en su vida social y religiosa se encarga juntamente a este párroco visite a menudo la escuela de niños y niñas para ver de cerca los adelantos de ellos, el cumplimiento de las respectivas obligaciones del misterio y reconocer los libros de que use si son conformes con nuestra santa religión y libres de las falsas ideas de los pretendidos novadores«.

El doctor Rengifo (1567-1637), recoge en su testamento de 1635 que de los réditos de los censos donados a la iglesia de Santa María al final de su vida, se pagaran ocho ducados para los patronos y del resto se hicieran dos partes, una para dotar a huérfanas pobres de su linaje y de la otra se debían sacar primero seis mil maravedíes para un maestro de escuela que enseñara a los niños de ambas partes del pueblo a «leer, escribir y contar y la doctrina cristiana«.

Más tarde en el codicilo que el doctor Rengifo otorgó en la ciudad de Coria en 26 de noviembre de 1637 ante José Martínez, escribano eclesiástico de dicha ciudad, mandó que se dieran veintidós reales para una maestra de niñas y se aumentara el salario del maestro de ciento setenta y seis a doscientos reales anuales.

Los escasos libros para niños que existían por entonces, eran abecedarios, silabarios, bestiarios o catones (libros de sentencias que seguían a los abecedarios). Aunque el texto fundamental que utilizaban los niños era el del catecismo, donde aparte de los principios de la doctrina cristiana, se incluían rezos fundamentales, modo de santiguarse y una tabla de multiplicar, entre otras cosas.

En el nivel superior estaban los libros y manuales de todo tipo. Los catones fueron muy populares en aquella época, porque además del uso escolar que se les daba podían tener buena acogida en un público más amplio y favorecer la lectura individual o colectiva. El catón ponía en juego como regla pedagógica de base la repetición y luego la progresión en las dificultades. Entre los bienes post-mortem de Manuel Miña, tratante de lienzos de la parte de Baños de Béjar, en 1801, aparecen tres catones y veinticuatro catecismos. (P.N. 1801. A.M.B.)

Libros usados por los niños para su aprendizaje

Para saber el nivel educativo que tuvo Baños durante su separación jurisdiccional, es importante averiguar el grado de alfabetización de sus miembros. Aunque es difícil medir este nivel, dado las limitaciones de datos con los que contamos, no obstante, la nueva metodología, en su búsqueda de datos que nos aclare tal tesitura, ha considerado el estudio de las firmas de los otorgantes en los protocolos notariales, como una fuente muy importante que nos puede ayudar a conseguir nuestro propósito. Los datos estadísticos no reflejan la realidad con total exactitud, sino que solamente nos permite aproximarnos con cierto índice de error.

En este sentido hay que tener en cuenta que el saber firmar no equivalía a conocer la escritura, pues algunos solamente utilizaban la pluma para estampar su rúbrica, y que la lectura prevalecía sobre el estudio de la escritura. Sea como fuere estos datos nos darán una idea generalizada sobre lo que estamos hablando. [Vid. Cuadro 32].

OTORGANTES QUE FIRMAN LAS ESCRITURAS NOTARIALES

AñoOtorgantesFirman%No firman%
1669542240,83259,2
16936334542946
1716642437,54062,5
1723341338,52161,7
1749382463,11436,9
1761612744,23455,8
18142515601040
1832-34452248,82351,2
Media total47,552,5

Hombres Mujeres
AñoTotal Firman % No firman % Total Firman % No firman %
1669 3822581642 1616100
1693 5533602240 8112,5787,5
17166324383962 11100
1723271348,21451,877100
1749281346,41553,61010100
1761542751275077100
1814221463,3836,43133,4266,6
1832-34 342264,712 35,31111100

Los datos que nos da el Cuadro 32, nos permite señalar que no era muy alto el grado de analfabetización –denominando como tal a saber firmar, no a saber escribir o leer- si lo comparamos con otros lugares, y además las diferencias entre ambos valores no son muy acusadas. En parte debemos pensar que la presencia de maestros de niños en el pueblo desde principios del siglo XVII, que hayamos detectado, puede influir en que gran parte de vecinos supieran al menos estampar su nombre en los distintos documentos notariales.

Vecinos que firman la Carta de Vecindad de 1790

Por razón del oficio el maestro, la mayoría del clero y los hidalgos sabían leer y escribir, con ciertas excepciones. Algún que otro artesano y labrador también podía tener cierto nivel educativo, por los datos encontrados en los documentos estudiados.

Destacamos también que el porcentaje de analfabetos del sexo femenino supera con creces, al del masculino. Ello es normal dado que las niñas compartían las tareas domésticas con la madre y pronto dejaban de ir a la escuela. La función preferente en la maestra de niñas, además de enseñar a leer y escribir, era la de enseñarles labores de manos como coser y bordar. Solamente las mujeres de algunos cargos oficiales o de profesiones liberales, como escribanos, maestros etc., aparecen como firmantes en los documentos. Por tanto, muchas veces la analfabetización dependía más de la voluntad de los padres de los niños que de los medios adecuados para ello.

Respecto a los libros usados por los vecinos bañenses encontramos pocos datos sobre ellos entre los bienes inventariados, apareciendo sobre todo lecturas de carácter religioso, en forma de vida de santos, misales, horas, espejos del buen vivir y algunas novelas. Recordemos que la mujer estaba siempre relegada a las tareas domésticas, y su educación la recibía a través de los sermones y libros de piedad, de ahí que ellas prefieran obras de devoción o entretenimiento. Los hombres, sobre todo labradores, artesanos, o aquellos que ejercían profesiones liberales solían poseer un puñado de libros, en general de temática religiosa, histórica o bien relacionados con su trabajo, como es el caso de José Flores, escribano de la parte de Béjar, donde entre los bienes que aparecieron en la dote de su mujer, al contraer segundas nupcias, se relacionan los libros que heredó de aquél: 

“Un breviario, un libro de media quarteta intitulado: ”Historia de las guerras ziviles de Granada”; otro de medio pliego para escribanos Monterroso; otro grande de “Flos Santorum”; otro de quarteta de Sermones compuesto por el padre Fray Angel Manríquez; otro titulado “Destierro de ignorançias y aviso de penitentes”, otro de quarteta de “Principios de zirugía”; otro “El perfecto cristiano” “Conceptos sobre el magnificat”; otro en latín titulado “Explicazión de la lengua latina». Escritura de dote de María González. P.N. 1717. A.M.B.

Durante los siglos XVI y XVII se multiplicó la impresión de libros en pliegos sueltos, formados por dos o cuatro hojas, y que recogían aspectos de cultura popular en forma de canciones y narraciones de curiosidad, sucesos, etc. El libro más leído en la época, no obstante, era el Flos Sanctorum, que constituía el más popular santoral de la época.

Entre los distintos bienes de varios de los vecinos de Baños, tanto de una como de otra parte, hemos encontrado los siguientes libros: María Gómez (1749), mujer de escribano en segundas nupcias, tenía tres libros: el “Flos santorun”, otro titulado “Patriarcas y profetas” y uno más pequeño titulado “La casa de la razón y desengaño de Aquartena”; Antonia Sánchez (1751), mujer de tejedor, poseía varios libros: ocho libros de Trabajos de Jesús, cuatro de la vida de Nuestra Señora, cuatro de cantos llanos, dos de san Patricio y uno titulado “Servicios espirituales”; Francisco Miña, (1821) tratante de lienzos, tenía entre sus bienes el libro: “La obra de Fray Luis de Granada”; Manuel Miña (1801), tratante de lienzos, poseía un libro de folio titulado “De la fe y de la ley”, otro de medio folio y era la segunda parte del “Tratado del amor de Dios” y otro de folio de caja con su abecedario.

Algunos de los libros leídos por los vecinos de Baños

Maestro

La profesión del maestro, como no podía ser de otra forma, consistía en la enseñanza y educación de los niños de primeras letras de Baños, tanto de una como, de otra parte. Para ser nombrado, se necesitaba carta de obligación como cualquier otro oficio, durando el contrato cuatro años. Su salario era variable, pues aparte de cobrar lo estipulado en el contrato, cobraba por alumno, pagándosele unos seiscientos reales anuales, pudiendo variar tanto los años de contrato como la cantidad a recibir. Esta cantidad era sufragada por parte de los dos concejos del pueblo, de la siguiente manera: 220 reales del fondo de propios de la parte de Montemayor -según su reglamento- sesenta reales del concejo de la parte de Béjar, 95 reales del mayordomo de Santa Catalina -como así lo dejó estipulado Francisca López en su pía memoria-, y el resto, de la memoria del doctor Rengifo, que dejó perpetua esta donación.

Para poder disfrutar de esta donación el doctor Rengifo imponía como condición que el maestro fuera acompañado por los alumnos en determinadas fechas del año para rezar por él:

Yten mando que el maestro de niños tenga obligación de acudir con todos los niños de escuela dos veces al año, una el día de Santos Inocentes y otra el domingo de quasimodo el un día a la Iglesia de Santa María y el otro a la Iglesia de Santa Catalina y asistir a la misa que el Capellán ha de decir después de la misa mayor por nosotros según llevo dispuesto y el dicho capellán la ha de cantar y el maestro de los niños la ha de oficiar, juntamente, con los niños como  supieren cantar y después de acabar mi capellán les ha de dar al maestro y niños dos frutas conforme al tiempo en esta estación y no a otra persona” .

Esta costumbre aún sigue viva, aunque con ciertos cambios, pues ahora se le da a los niños (sean alumnos de la escuela o no) que acudan a misa el día de los Santos Inocentes una cierta cantidad de dinero.

En la carta de obligación del maestro de 1806, se señala que el maestro de primeras letras, Antonio Téllez, recibiría mensualmente de cada niño que empezara hasta saber escribir, real y medio; de escribir a contar dos reales; y el que contara, tres reales y medio bajo las condiciones siguientes:

1.- Que desde San José hasta el día cuatro de octubre de cada año debía abrirse la escuela desde las ocho de la mañana hasta las once y por la tarde desde las dos hasta las cinco. Desde el día cuatro de octubre en adelante se abría por la mañana desde las nueve hasta las doce y desde la una por la tarde hasta las cuatro.

2.- Que debía llevar a los niños con la cruz cantando coplas místicas a misa todos los días festivos alternando en ambas parroquias, como también los viernes de cuaresma, por las calles más públicas del pueblo y que en los tramitos acostumbrados, explicaran los niños dos o tres capítulos de la doctrina cristiana y después anduvieran el vía crucis con la mejor compostura.

3.- Que siempre que se tocara a viático en una u otra parroquia siendo hora cómoda y estando en la escuela, permitiéndolo el tiempo, debía asistir a acompañar al señor sacerdote con dichos niños y la cruz.

4.- Que debía enseñar en cada un año de los expresados, cinco niños los más pobres que consideraran los alcaldes de primer voto del pueblo común a sus dos jurisdicciones sin estipendio alguno. En el primer año de su contrato se eligieron de acuerdo con los otorgantes, a los siguientes niños:

“Por la parte de la villa de Béxar, a el hijo de Baltasar Moreno, a otro de la viuda de Francisco Muñoz Cantagallo y otro de Francisco Iglesias y por la parte de este lugar, parte de Montemayor a el hijo de Agustín Quinteros y a otro de Juan Campos Andrino«.

Dada la penuria económica que la guerra de la Independencia y las malas cosechas dejó a los vecinos y también a los ayuntamientos, uniéndose esto a los altos impuestos que debían pagar, se tomó en 1819 una decisión al menos curiosa por parte de ambos concejos. Aunque se contrató por ambos concejos al maestro de primeras letras, José Gavilán, no podía cumplir su tiempo de su contrato ya que eran tales los apuros económicos de los vecinos que no podían cubrir apenas los grandes impuestos reales y otros pagos, por cuya razón no se le podía pagar el sueldo al maestro. Pero se reunieron unos cuarenta vecinos entre ambas partes y para que sus hijos no carecieran de la buena enseñanza que dicho maestro les estaba dando, y hasta que los concejos pudieran tener fondos para su pago, decidieron lo siguiente:

Pagar por su cuenta a dicho maestro tres mil trescientos reales cada año hasta el cumplimiento de su contrato en 1822. De esta cifra tanto Eugenio Gil y el escribano debían afrontar la cifra de 220 reales, Juan Antonio Navas, vecino del Villar, ciento sesenta, Pedro Martín Flores, Joaquín Hernández Belloso y Francisco González Amigo ciento cuarenta reales cada uno hasta los trescientos ducados señalados por iguales partes entre los restantes otorgantes. Dieron como adelanto quinientos reales y el maestro por su lado se obligaba a enseñar su profesión a los hijos de los otorgantes solamente sin que pudiera admitir a nadie más sin consentimiento de los otorgantes, ni de día ni de noche.

Si otros vecinos querían entrar a sus hijos deberían pagar la cantidad una vez rebajada la que dieron hasta esta nueva obligación, y así se le rebajaban también la paga de los demás en prorrateo.

En los distintos documentos estudiados, durante la separación jurisdiccional, en encontré algunos nombres de maestros que estuvieron al cargo de la educación de los niños y niñas de Baños y el sueldo que cobraban.

En el siglo XVII, Francisco Díaz, vecino de Baños, aparece como maestro de niños. En 1726 el concejo de la parte de Béjar, pagaba al maestro 120 reales por su trabajo. El de la parte de Montemayor pagaba en 1739 al maestro de letras y gramática, 131 reales.

En el censo de vecinos de 1752 es Juan Muñoz el docente, en 1806 Antonio Téllez. En 1808 en los gastos de concejo de Baños parte de Montemayor, se pagaba al maestro de primeras letras 220 reales. En 1819 el maestro de primeras letras era José Gavilán y ya en 1835 el maestro-sacerdote Sebastián Domínguez Borja, que cobraba del erario público un real por enseñar a leer, dos por enseñar a escribir y tres por contar.

         

           

10 comentarios sobre “Niveles educativos durante la separación jurisdiccional de Baños de Montemayor

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  1. Gracias por tu información.Yo he pertenecido al mundo de la educación y fui alumno en Baños del maestro Teófilo Galindo Correa.

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