Página de sucesos (IV)

Lesiones a una vecina con un puchero, 1901

En la tarde del día 5 de junio de 1901 se produjo una riña entre mujeres que vivían en el barrio de Triana, como consecuencia de ella, una vecina llamada Felisa, resultó herida al recibir un golpe en la cabeza con un puchero zamorano que le infringió otra vecina llamada Francisca.

 En cualquier altercado siempre hay opiniones diversas sobre lo ocurrido. Por eso hare una exposición de los hechos contando para ello con la declaración de la vecina herida, la agresora y los testigos que vieron de primera mano la agresión.

Sobre las siete de la tarde del día señalado, en el barrio de Triana, la vecina Carolina le estaba reclamando a otra vecina llamada Francisca S. que pagara los tres panes que le había dado anteriormente. Francisca le contestó que esos panes se los pagó a su marido en forma de una carga de orujo. Como quiera que no llegaban a un acuerdo Francisca se abalanzó sobre Carolina y echándola al suelo le dio varios golpes con las manos, y salieron entonces varias vecinas recriminando la acción de Francisca. Una de las vecinas que recriminó la acción fue Agustina S. y Francisca le contestó: “¿qué te tienes que meter tú en esto lechuza”? y Agustina viéndose insultada entró en su casa y salió armada con una tranca (gitana), diciendo: “pero que esa joia zorra me haya llamado a mi lechuza…”.

Las dos vecinas empezaron a insultarse mutuamente, momento en el que Francisca se retiró y se fue a la fuente cercana a llenar de agua un cántaro y un puchero.

Fotografía de la calle Triana donde ocurrieron los hechos

En esos momentos se acercó la hermana de Francisca llamada Ezequiela S. que venía conduciendo una caballería y le dijeron las vecinas, que se diera prisa que estaban riñendo con su hermana, y dirigiéndose a Agustina le dijo: “¿quién es la que va a pegar a mi hermana?, contestando Agustina S. que ella, por lo que Ezequiela soltó a la niña de ochos meses que llevaba en brazos y dijo: “esto no para en eso” e hizo un gesto como de sacar algo de su bolsillo o faltriquera, sin que lograra sacarla porque se abalanzó sobre ella la madre de Agustina llamada Rosa, cogiéndola por el moño.

En ese momento llegó el párroco Francisco Gómez, quien intentó que las vecinas se separaran, pero no consiguió tal propósito pues seguían en la riña ambas mujres (este hecho contrarió tanto al cura que fue a denunciar esta desobediencia ante el juez).

Coincidiendo en el tiempo llegó Felisa S. hija de Rosa, soltera de 17 años, que venía de acompañar a Carolina a su casa y al llegar a la calle Triana vio cómo su madre y Ezequiela estaban agarradas por el pelo por lo que tuvo que separarlas lo que consiguió al momento, y en cuanto se separaron llegó Francisca, hermana de Ezequiela, y sin pedir explicaciones y creyendo que Felisa estaba ayudando a su madre a pegar a su hermana, le asestó un golpe con un puchero zamorano en la cabeza tirándola al suelo, y Felisa al levantarse se dio cuenta que estaba llena de sangre, por lo que corrió a su casa no sin antes avisar al juez de lo sucedido.

El médico que reconoció a la agredida en su declaración dijo que Felisa tenía una herida contusa de dos centímetros de extensión en sentido horizontal en la parte superior y media del parietal derecho y que presentaba dolores de cabeza y mareo.

La agresión, que podía ser considerada como un delito de lesiones, quedó solo en falta.

Heredero al trono de Abisinia en Baños de Montemayor, 1924

Esta es la historia del presunto príncipe de Abisinia, heredero al trono, llamado Shervington Micheline.

Estando sirviendo como legionario en el Tercio de Legionarios de Melilla, y casualmente convaleciente en el hospital de Ceuta por un problema de reuma, se le hizo una entrevista por parte del también legionario y periodista Antonio José de Valenzuela en 1924.

En esta entrevista comenta Shervington Micheline que nació en Kingston (Jamaica) el 6 de julio de 1897 Hijo del príncipe de Kenia y nieto del rey Menelik de Etiopía, En 1889 Lord Kitchener trasladó a su padre a Kingston, tras un golpe de estado en su país, donde se le educó y contrajo matrimonio en 1896 con una dama de abolengo.

 A principios de 1916 deja Kingston y se traslada a Estados Unidos después de la muerte de su padre.

Fue a Europa con las tropas de Estados Unidos a luchar en la gran guerra siendo licenciado en septiembre de 1919. Luego se trasladó a España, viviendo durante dos años entre Madrid, Toledo, Coruña y Vigo. Transcurridos esos dos años se alistó en la Legión española, donde se licenció en 1924. Su intención a partir de entonces fue intentar regir el país que rigió su abuelo Menelik.

En la Legión sus compañeros le llamaban “el Príncipe”, y le acogían con saludos pintorescos. Tenía buena imaginación y los periodistas que seguían las operaciones se encargaban de avivársela. Como es el caso de este recorte de prensa donde se da por hecho que tomaría posesión del trono de Abisinia:

Dice así: » S.A.I. el príncipe Shervington, que ha servido durante treinta y tres meses en el Tercio Extranjero de España, y que en breve embarcará en Gibraltar en un crucero puesto a su disposición por el gobierno Inglés para llevarle a Abisinia, donde se posesionará del Trono.«

Estando en la legión llegó una nota de Londres pidiendo noticias de aquél príncipe legionario de que hablaban los periódicos españoles. No se sabía más de él que lo que él quería decir y él decía que era príncipe. Se difundió la noticia de que el príncipe heredero de Abisinia se encontraba afiliado como soldado en la legión española.

A la hora de licenciarse las fuerzas de la legión le rindieron los honores debidos a su alto rango.

Su licenciamiento ocurrió en marzo de 1924 y en septiembre del mismo año estuvo en Baños de Montemayor, seguramente para tomar las aguas del balneario, como así se atestigua con la foto que aparece en un periódico de la época:


Pero surge una pregunta sobre la figura de este supuesto heredero al trono de Abisinia. ¿Era realmente el heredero al trono o un embaucador que trató de hacer fortuna?.

Desprendimiento de tierras en la línea de ferrocarril, 1930

En la madrugada del día 9 de mayo de 1930 una pareja de la Guardia Civil de Baños de Montemayor prestaba servicio y al llegar al túnel de la vía férrea en el término municipal de este pueblo, observaron que antes de entrar en el túnel por la parte sur y a diez metros de distancia de este, con el puente de hierro que a bastante altura cruza el río que corre entre peñascales de gran pendiente, había una gran cantidad de tierra y grandes piedras procedentes de un desprendimiento originado por filtración de aguas que estaban obstruyendo la vía.

Zona donde se produjo el desprendimiento de tierra y rocas

Como tenía que pasar el tren correo procedente de Madrid por este punto media hora después de haber visto obstruida la vía, la pareja de la Guardia Civil, llamó al obrero Eleno González que vivía en la casilla próxima al lugar del desprendimiento, y mientras el obrero corría a la estación de Baños distante dos kilómetros más o menos, para advertir del peligro al tren mencionado, la pareja de la Guardia Civil con herramientas cedidas por el obrero empezó a desescombrar, siendo ayudados al poco tiempo por Tomás Blázquez, llamado por el primer obrero y a su vez Tomás llamó al capataz de la vía, Juan Martín, los cuales en compañía de la pareja de la Guardia Civil, continuaron los trabajos de desescombro, hasta dejar libre la vía, haciendo grandes esfuerzos par poder separar las piedras grandes.

De este modo consiguieron que a la llegada del tren correo mencionado pudiera pasar el convoy, aunque con precauciones mientras los viajeros, a su paso, aplaudían a los guardias pues ya se habían informado por el jefe de la estación de cuanto había ocurrido.

Según cuentan los periódicos de la época no había duda de que el celo profesional y esforzado trabajo de la benemérita evitó una catástrofe que hubiera sido inminente si al llegar el tren, desconociendo el peligro, se hubiese chocado contra las piedras y tierra que cubría la vía.

Reyerta entre vecinos, 1931

A las siete y media de la tarde del día 29 de marzo de 1931, en la calle doctor Rengifo, Anselmo Domínguez, de 40 años de edad y vecino de Baños de Montemayor, tuvo una discusión con Marcelino Terrones, (vecino de Monroy y en esos momentos residente en las casas de la estación férrea de Puerto de Béjar), pues el primero invitó al segundo a tomar una copa de vino, y al no aceptar la invitación, ya que anteriormente tuvieron alguna rencilla, Anselmo se lo recriminó llegando a tener una fuerte discusión los dos, que no terminó mal porque los demás vecinos que estaban cerca lo evitaron.

Aunque poco después cuando Marcelino acompañado de su familia y de los vecinos de Baños de Montemayor Antonio González Montes y Pedro Hernández se dirigía a su domicilio de las casas de la estación de Puerto de Béjar, al llegar a las afueras de Baños y en el sitio llamado “Villa Isabel” observaron todos, que Anselmo se dirigía hacia ellos, montando una jaca y con una escopeta en la mano, y al encontrarse con el grupo desmontó rápidamente de la caballería y dirigiéndose a Marcelino mientras le amenazaba con la escopeta le dijo: “Ahora sí que no te escapas ladrón”.

Pero Marcelino se escondió detrás de la pared de una casa mientras los dos que le acompañaban más el casero de Villa Isabel, Felipe Miguel Gómez, sujetaron a Anselmo, impidiéndole que disparara la escopeta la cual consiguieron arrebatarle después de resistirse activamente.

«Villa Isabel» lugar que se nombra en el relato

Tan pronto como tuvo conocimiento de lo ocurrido, intervino la Guardia Civil de Baños de Montemayor que puso a disposición del Juzgado, con el atestado instruido al efecto a Marcelino y el arma que le fue ocupada.

6 comentarios sobre “Página de sucesos (IV)

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  1. Que curioso. Menos mal que la tal Carolina, en aquellos años, yo, no existía aún. Nunca oír hablar de ninguna Carolina por ahí, cerquita de mi casa. Ja, ja, ja.

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