Hospedaje en Baños de Montemayor (siglos XVII-XXI)

Durante los siglos XVII y XVIII se empieza a tener conciencia de que los enfermos que acuden al baño (como entonces se le denominaba al balneario), necesitaban tener un sitio donde descansar y alimentarse durante tu tratamiento termal. En el pueblo existían por entonces unas ocho posadas, pero esas plazas las cubrían mayormente los arrieros. Nace entonces el hábito de alojar a los bañistas en las casas particulares, sobre todo en las más cercanas al balneario (barrio de la Alberguería), cuyos dueños admitían a los enfermos y acompañantes asistiéndoles en todo lo necesario con equidad.

A pesar de todo esto, a juicio de algunos visitantes ilustres, el pueblo carecía de las conveniencias y objetos de lujo que ofrecían las grandes poblaciones, aunque lo compensaba presentando un cómodo albergue, una sociedad sencilla y en esto consistía su mayor mérito. El carácter festivo y apacible de todos sus habitantes disminuía el desagrado que pudiera causar la rusticidad de las gentes del campo y no había persona que no encontrara placentera la estancia en Baños al menos en primavera, verano y primera quincena de otoño, que era la temporada oficial. Aunque se seguía lamentando que no se hallaran en este pueblo casas más cómodas y de construcción moderna.

El siglo XIX, va a marcar un despegue del balneario y la hospedería por las distintas reformas efectuadas en el establecimiento y la construcción de nuevas vías de acceso: carretera nacional y ferrocarril. Ello hizo que hubiera una mayor afluencia de visitantes y por tanto la necesidad de construir nuevos alojamientos para recibir esta avalancha de bañistas. Las reformas en el establecimiento balneario hicieron que aumentara el número de pilas y por tanto la capacidad de admitir más pacientes, reclamándose la necesidad de la construcción de nuevas fondas y hoteles para recibir sobre todo a la clase acomodada, que tuvo un crecimiento considerable desde mediados de siglo.

Especial relevancia tenía también el hospital existente en la plaza de la Alberguería pues era el sitio donde se daba cobijo a los bañistas pobres, que continuamente era objeto de reparaciones y peticiones de material como camas, sabanas etc. Sobre 1863 se hicieron cambios en dicho hospital con habitaciones independientes para ambos sexos, aunque no era lo que se necesitaba para considerarse una mansión de aquellos desvalidos. Es por lo que el Médico-director del establecimiento pidió en varias ocasiones la necesidad de levantar un edificio bien situado, cómodo y capaz de servir para hospedería de pobres con buenas condiciones de salubridad, de ventilación y aseo, provisto además de menaje indispensable a cada uno de los departamentos en que habría de estar dividido el edificio, concurrían pobres de la provincia de Cáceres y de otras ciudades como Badajoz, Toledo, Ávila y Salamanca. Las peticiones cayeron en saco roto una y otra vez, siendo la Junta del balneario y la propia alcaldía quienes se encargaban de sufragar los gastos de material y reparaciones de dicho hospital.

En la década de 1860 y como consecuencia de las mejoras en las comunicaciones, con la apertura de la carretera general, aumenta el número de bañistas que se alojan en la mayoría de las casas del pueblo, no solamente en las más cercanas al balneario.

En 1864 se abre la primera hospedería llamada “Parador”, y también “Fonda de Postas”, respondiendo así a las exigencias de los nuevos visitantes, siendo la única hospedería donde se ofrecía la llamada “mesa redonda”, servicio que se daba a determinadas horas para la comida en común de los huéspedes del local. Se ofrecía también cama y asistencia con un coste de cinco pesetas diarias.

Este “Parador”, que en 1894 se convertiría en el hotel “Comercio”, era el más espacioso de la época, pues podían alojarse una treintena de personas a la vez.

En 1881 en este hotel del Parador se hospedó Nicolás Díaz Pérez, escritor de la obra “Baños de Baños, viaje por mi patria, 1881” y su factura fue la siguiente:

“Por hospedaje de los dos señores y la señora en treinta y cuatro días 2040 reales. Pagado en el balneario por 60 baños en pilas de mármol 540 reales. Propina a los bañeros 30 reales. Por reconocimiento del facultativo 120 reales. Obsequio para el gaitero (dulces y vino) 16 reales. Al cartero por la correspondencia 6 reales. En total 2752 reales”.

Explica Nicolás Díaz, “que la fonda era a mesa y mantel comiendo perdices por la mañana y pollos a la comida, pagando la fonda todos los gastos del baño, desde el médico hasta el bañero, nos costaba 954 reales a cada uno”. Habla de la gran comodidad en el “hotel” que nada escaseó con ellos en la mesa, ni en el trato, por lo que “se comprenderá fácilmente lo económica que es la vida en un pueblo tan agradable como Baños«. En el “hotel” se podía disfrutar de una tertulia agradable delante de una gran chimenea con un gran leño ardiendo.

Nicolás Díaz Pérez (1841-1902)

En 1883 el Médico-director del balneario Benito Crespo y Escoriaza, cuenta en sus memorias, que los bañistas se alojaban en el pueblo en casas de huéspedes al precio de tres a nueve pesetas por comida, habitación y toda asistencia. Habla de una fonda bastante regular, sin especificar nombre (el llamado “Parador”), que costaba cinco pesetas diarias a cada persona por mesa, cama y asistencia, existiendo otras casas para los que deseaban comer por su cuenta.

Relata también la situación del hospital, donde comenta que los pobres de solemnidad además de usar gratis las aguas en baños, (como así se especificaba en el reglamento del balneario), tenían un pequeño hospital para ambos sexos, donde encontraban también gratuitamente habitación, cama completa, luz, lumbre, asistencia de sirvientes, toallas, etc.

En las memorias de 1891 el doctor Crespo y Escoriaza sigue indicando la necesidad imperiosa de hacer hospederías, y, lo que, es más, repite hasta la saciedad la carencia de lugares apropiados para recibir a todas las personas, enfermos y acompañantes, que concurrían a tomar las aguas mineromedicinales de Baños.

La importancia que va tomando el balneario se resume también por la apertura de varios establecimientos orientados a dar tanto alojamiento como distracción y ocio a los visitantes. Ya en 1864 existía un café establecido en el perímetro del establecimiento desde hacía bastante tiempo y que constantemente abierto al público, servían helados y otras bebidas, vino procedente de las bodegas del pueblo y no faltaban distracciones en él, pues en dicho café había mesas de billar, de “tresillo” y otros juegos lícitos.

Antiguo café «Español», hoy Bar y Hostal «Las Termas»

Hotel Eloy

La primera fonda u hotel que se construye en Baños de Montemayor es en 1878, llamado hotel “Eloy”, fundado por Eloy Becedas Miña (1853-1909) y su mujer Basilisa Regidor Pérez (1856-1938).

Eloy Becedas y Basilisa Regidor

Fueron muchos los huéspedes ilustres quienes visitaron y disfrutaron de sus dependencias y gastronomía. En 1903 Miguel de Unamuno, cuando era rector de la Universidad de Salamanca acudió a Baños de Montemayor a dar unas conferencias en las instalaciones del balneario. Se hospedó en este hotel, en concreto en la habitación 12 (actual 104).

La infanta Isabel de Borbón y Borbón, (1851-1931), llamada comúnmente “la Chata”, hermana del rey Alfonso XII, llegó a Baños de Montemayor el día 15 de julio de 1916. El pueblo se acicaló para recibir a tan insigne visitante. Se pintaron los edificios oficiales, incluido el balneario, se hizo un arco de madera con sus bastidores decorativos, se pusieron en los balcones doscientas cuarenta banderas y cuatro colgaduras, se dispararon más de veinte docenas de cohetes de dos tiros, se alquilaron los coches de la viuda de Payá y la viuda de Eloy Becedas para tenerlos las autoridades en todo momento ese día.

Acudió a hotel Eloy a tomar el té y para ello los dueños compraron un juego de té de plata que aún se conserva en el salón de entrada del establecimiento.   

En sus orígenes solo estaba abierto durante la temporada de verano, cuando se abría el balneario y solo estuvo cerrado al público en dos temporadas durante la guerra civil, ya que fue utilizado como hospital de urgencia.

También han pasado por sus instalaciones grandes cocineros, siendo uno de ellos Eustaquio Becedas, nieto de los fundadores, llegó a ser jefe de cocina del hotel Ritz de Madrid durante 40 años. Asimismo, Ángel Becedas que fue jefe de cocina del hotel Extremadura durante 25 años.

Actualmente el Hotel Eloy mantiene su fachada originaria y es un alojamiento de tres estrellas con 27 habitaciones que fusiona la modernidad y la comodidad del siglo XXI. Cuenta también con un gran jardín al aire libre.

Hoy día lo regenta la cuarta generación de los que fueron sus fundadores, Carmen y Julia Becedas Mezquita.

Hotel Payá

Sobre 1892 se construye el hotel “Payá” también llamado hotel “Central”. En un periódico de 1916 (La Acción en Extremadura) se le denomina Gran Hotel Payá y se dice de él lo siguiente: “Por ser el más inmediato a las termas y por el lujo con que está instalado, es este hermoso hotel uno de los más favorecidos por los bañistas. Recientemente, su dueño, don Antonio Payá, que no descansa en todo lo que tienda a mejorar su hotel, ha llevado a cabo muy importantes reformas. Para todos los trenes, hay montado servicio de intérpretes y coches en la forma que requiere un establecimiento de esta categoría. Asimismo, dispone de coches para excursiones y paseos.”

En 1917 Felipa Humanes, viuda de Pablo Payá solicita a la Junta del balneario que debido a las obras que tenía que hacer en su casa hotel y adosado al mismo, lindante con el parque del General Concas, necesitaba abrir portadas a las habitaciones y así dar luz a las mismas. Se firmó un convenio entre ambas partes por el que se le otorgó a dicha propietaria la posibilidad de dar luz tanto al edificio antiguo u hotel y al nuevo pabellón construido adosado al mismo, pero con la condición de no considerarse un derecho, pasara el tiempo que pasara, y que no prescribiría jamás.

La propietaria acepta esta condición y se obligó a poner una baranda de hierro en todos los balcones que daban al parque a una altura de un metro aproximadamente. Por último, la junta se reservaba el derecho que tenía de dar por caducada esta autorización, cuando lo considerara conveniente.

Es curiosa la última cláusula que dice: “caducada esta autorización, la señora viuda de Payá o sus legítimos herederos, se obligan a tapiar todas las portadas objeto de esta concesión.”

En 1919 se le añade una cláusula adicional a este convenio, por la cual se autoriza a la viuda de Pablo Payá que abra en la fachada antigua que da al parque del General Concas, tres luces, siendo ya doce con las otras que fue autorizando la Junta en distintas épocas.

En 1930 se remite instancia por parte del dueño del hotel Payá a la Diputación Provincial de Cáceres, pidiendo que su hotel ostentara el título de recomendado por el Patronato Nacional del Turismo. Pero dicha instancia se remite de nuevo a Baños de Montemayor.       

En los años cuarenta el Estado compra el hotel para usarlo y acondicionarlo como “Residencia Eloy García Belloso”, ese era su nombre, dependiente de la Delegación Provincial de Sindicatos. También acogía a la sección femenina.

En 1950 se utiliza para residencia de verano para mujeres productoras españolas pertenecientes a la Obra de Educación y Descanso.         

Con la llegada de la democracia se le denominó “Residencia de ocio y tiempo libre Joaquín Sama”

Hotel del Comercio
 
En 1894 el antiguo “Parador” da paso al denominado “hotel Comercio”. En los distintos periódicos de la época se señala a este hotel con varios nombres, como “Fonda del Comercio” u “Hotel del Comercio”. En un periódico de 1898 se nombra al hotel como “Fonda del Comercio”, siendo su propietario Fabián Hernández Rincón, y comenta que se han hecho también importantes reformas en él para ser más confortable a los huéspedes, con coches que suben y bajan a la estación de tren.
Hoy día no existe ya este hotel en Baños de Montemayor. El edificio hoy día alberga viviendas, autoservicio y bar Tari 2.0.

A finales del siglo XIX, Baños de Montemayor contaba con tres fondas u hoteles, dos cafés con mesa de billar, periódicos, bibliotecas, etc. Había varias posadas y muchas casas de huéspedes a precios de tres a cinco pesetas por comida, habitación y asistencia completa.

Hotel la Peña

Ya en el siglo XX se abre el hotel “La Peña” en 1902. Lo construye Benito Peña Peña. En un periódico de 1909 ya se nombre como propietario del hotel a Aurelio Díaz Bustillos y su madre Leonor Bustillos. También se habla en la prensa de la época que el hotel era cómodo y “su cocina acreditadísima, al satisfacer las mayores exigencias.”.

Benito Peña Peña

Llegó a ser casino. En la actualidad se dedica el edificio a apartamentos y bar-restaurante.

Las distintas fondas u hoteles, tenían que pagar los aranceles correspondientes por usar la carretera de la estación. En 1920 la cuota del uso de coches y carros de trasportes por la carretera de la estación dependía del número de coches que tenía cada una de las Fondas. El hotel “Eloy” pagaba cien pesetas por más de dos vehículos. Felipa Humanes como representante del hotel “Payá” setenta y cinco pesetas por dos coches. Aurelio Díaz por hotel “la Peña” y Trinidad Revilla por un carruaje cincuenta pesetas.

Por este anuncio recogido en un periódico de 1918, podemos deducir que existía otro hotel situado, como dice el anuncio, en la calle mayor número 40 (actual número 37), perteneciente a la familia Becedas Miña.

Actual casa, jardín y huerta donde se encontraba el hotel citado

Gran Hotel Balneario

 En 1927 se empieza a construir el “Gran Hotel Balneario” con más de cien habitaciones, inaugurándose en julio de 1928. Se construyó en la parte norte del balneario en la huerta de Vicente Pozas, separada del mismo por un cauce abierto. Se adquirió esta huerta por parte de la empresa arrendadora del balneario “Sociedad de Aguas Mineromedicinales Ferrero y Compañía”, siendo su gerente Miguel Ferrero Pardo. 

Miguel Ferrero Pardo

En un reportaje periodístico de esos años, se dice de este hotel: “Hemos visitado este Gran Hotel, no sabiendo qué admirar más, si el confort y comodidades que han de disfrutar los que en él se hospeden, o el buen gusto con que se encuentra instalado. Sus 140 habitaciones, amplias, todas con luz directa, cuentan con todo género de comodidades, desde agua corriente, hasta los más nimios detalles, que hará que el bañista no eche de menos las que en su hogar pudieran disfrutar. El salón de fiestas, café y restaurant, son verdadera monada de buen gusto, donde los bañistas y veraneantes disfrutarán de solaz y esparcimiento en grado sumo.”

 Hoy día el Gran Hotel Balneario es un alojamiento que reúne los ingredientes para una estancia tranquila, cómoda y discreta, en un rincón de estilo modernista que propone visitas en pareja, familia o, incluso, orientadas a asuntos de negocios, en un establecimiento que dispone de servicios personalizados y espacios comunes que cubren las necesidades del huésped más exigente. Además, el alojamiento incluye entre sus instalaciones salones climatizados para eventos, sala de fiestas con café-teatro, terraza, biblioteca y una cafetería.

Casas particulares

Pero a pesar de estas construcciones de finales del siglo XIX y principios del XX los visitantes superaban el número de camas en estos establecimientos por lo que muchos seguían alojándose en las mas de 300 casas de huéspedes de toda clase que había en el pueblo con arreglo a sus conveniencias. En 1883, para hacernos una idea, el precio que pagaban los huéspedes en las casas era de dos a seis pesetas, dependiendo si pagaban únicamente el precio de la habitación alimentándose por su cuenta o quien deseaba toda asistencia, mientras que en los fondas y hoteles los precios oscilaban entre seis y doce pesetas.

En los periódicos de la época se publicitaba el balneario y se añadían en la publicidad los precios que debían pagar los veraneantes tanto si asistían a hoteles y fondas o casas particulares.

Publicidad del balneario y hoteles en distintos periódicos de la época

En el año 1975 y según un periódico de la época, el número de camas para alojamiento que había en Baños de Montemayor era de 2.000, contando las plazas de hoteles, pensiones y casas particulares. Se dice en esta publicación que desde mediados de julio a mediados de septiembre era aventurado ir a la población sin antes haber avisado, ya que rápidamente se cubrían las plazas dichas.

A finales del siglo XX la mayoría de los bañistas empiezan a acogerse al programa de termalismo social del IMSERSO, por lo que dejan de venir por su cuenta a las casas de huéspedes y acuden a los hoteles y hostales concertados con dicho organismo.

El programa de termalismo social ofrece a los pensionistas que necesiten, por indicación médica, algún tipo de tratamiento que se realice en balnearios o centros termales a precios reducidos para acceder a los tratamientos. Cada año el IMSERSO reserva plazas para este programa en centros termales de todo el estado para asegurar la cobertura del servicio ofrecido.

A lo largo de todo el siglo XX siguen aumentando el número de hoteles, fondas y hostales para recibir a una cantidad mayor de visitantes, llegando a tener ya en pleno siglo XXI, alrededor de 1400 plazas hoteleras.

En 2021 se aprueba por parte de la Junta de Extremadura que Baños de Montemayor sea declarada “Villa Termal”, siendo la primera población extremeña que adquiere dicha calificación.

Esta declaración significará un revulsivo para este pueblo que aprovechando un entorno privilegiado y lleno de recursos tanto naturales como patrimoniales, se convierte en un referente del turismo de naturaleza y salud. Por tanto, la demanda del uso de las aguas termales de Baños de Montemayor será aún mayor y se podrá acoger al visitante con las más de 1200 plazas hoteleras repartidas en alojamientos de toda naturaleza y categoría.

Recordar, por último, que además de esta calificación, Baños de Montemayor fue declarado Destino de Calidad SICTED por la Secretaría de Turismo en 2008 y Villa Termal Excelente por la Sección de Villas Termales de la FEMP EN 2011.

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4 comentarios sobre “Hospedaje en Baños de Montemayor (siglos XVII-XXI)

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  1. Magnifico trabajo que nos des-VELA los avatares e intríngulis del hospedaje en relación con lo de «tomar las aguas». ENHORABUENA y gracias.

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