Bailes y cantes bañenses

Durante los siglos XVII y XVIII, sobre todo, en una sociedad donde la vida cotidiana estaba llena de tensiones dentro de la comunidad que formaban los vecinos de Baños de Montemayor, que afloraban de muchas maneras, las fiestas y diversiones constituían un verdadero contrapunto a las penalidades habituales.

El baile era una de las diversiones preferidas por los vecinos que consideraban bueno cualquier escenario para ponerse a bailar desde las calles y plazas del pueblo a los domicilios particulares y hasta los atrios de ambas iglesias. En los mandatos generales de la Iglesia de 1637, que aparecen en el libro de visitas de la parroquia de Santa María, se prohíbe:

a los mozos y mozas bailen por las calles ni se hagan bailes de noche en las plaças, calles, campo ni patio de las casas teniendo las casas abiertas ni entren en las yglesias, ni pidan para las ánimas, cofradías u otras cosas. Otrosi mandamos que en los atrios y zementerios de las iglesias no aia bailes ni músicas ni cantares profanos, pena de excomunión mayor

El baile, en sí mismo, era pretexto suficiente para reunir a los que buscaban diversión, aunque algunas veces podía formar parte de una fiesta o de un festejo determinado como una boda o un banquete. La Iglesia andaba siempre detrás de estas expresiones corporales, que algunas veces las consideraba pecaminosas, prohibiendo a veces la costumbre de bailar en cualquier lado. Entre los mandatos generales de 1736, en la iglesia de Santa María, se hace un alegato del baile como un acto de provocación y vicio, sobre todo por parte de las mujeres:

“Mandamos que las mugeres de qualquiera estado o condiçión que sean se astengan de tales indeçentes y probocativos bailes, cantares a desonestidad, procurando llevar cubiertos los mayores inçentibos del biçio de la lujuria y asimismo de bailes, cantares profanos y juegos desonestos que apartan el alma del bien infinito y las aparte de la eterna condenaçión a que tan diabólicas modas las conduçen.

A pesar de las diatribas vertidas en su contra desde las autoridades eclesiásticas, con el paso del tiempo las autoridades civiles autorizaron y pusieron de moda estos bailes públicos, incluido los de disfraces.

Había bailes en la plaza y en la carretera. Bastaba un tamboril y una gaita para animar a todos a bailar. En días de baile público todos los cosecheros se disputaban el honor de dar vino a los músicos, para también dar así conocer que era el mejor vino del pueblo. Así lo refiere un viajero que estuvo en Baños de Montemayor a finales del siglo XIX.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el sitio mejor acondicionado para realizar música y bailes eran los salones del balneario, pues cada temporada de verano contrataba un pianista y se utilizaba el salón para dar algunos bailes de sociedad. Pero los que más éxito tenían entre los vecinos eran los bailes populares que se celebraban durante las fiestas de san Ramón.

Traje típico y baile

El traje típico de las bañenses está hecho con refajos encarnados o verdes hasta media pierna, medias azules o blancas, zapatos escotados y con lazos de seda negra, con un pañuelo al cuello, cruzadas sus puntas por el pecho y atadas a la espalda, con largas cintas entre las trenzas del cabello y unas castañuelas repicando entre los dedos. El hombre con chaqueta y calzón de paño negro o marrón y blusa blanca.

En los días de fiesta se celebraba el baile en el que intervenían los instrumentos de tamboril y flauta. El baile que se estilaba en Baños de Montemayor es una especie de fandango que no lo es por los saltitos que dan las parejas y porque no se cambian éstas ni se vuelven con la frecuencia que en el indicado baile. Pero fandango o como se le quiera denominar es un baile bonito, más raro que la jota aragonesa, más serio que el zorcico del norte y menos monótono que las manchegas.

Se colocan los bailadores en doble fila dándose la cara, consistiendo el baile en una especie de jota donde al principio cuando el tamborilero golpea el tambor solo, las parejas hacen sonar los dedos (tocar los pitos) e inician un movimiento acompasado de derecha a izquierda, de izquierda a derecha y así sucesivamente hasta que el tamborilero con un golpecito especial en la arista del instrumento avisa el principio de la segunda parte. Dando una vuelta (girando sobre sus pies) todos los bailadores se disponen a marcar las figuras y puntos de esta segunda parte. La tercera parte, con tamboril y flauta, es más movida que las anteriores, produciéndose cierto desorden en las filas pues cada bailador/a, bien detrás a adelante, bien en otro sentido parece iniciar una persecución de su pareja que cesa, cuando el músico da el aviso con el sabido golpecito en la arista y el cambio de compás.

En Baños, “a petición del público” salía a bailar solo una pareja, el tamboril acompañaba el palmoteo de los curiosos y en la segunda parte del baile solían escucharse coplas como esta:

            Ahora sí que canto yo

            con alegría y salero

            porque han salido a bailar

            Juan Antonio y Consuelo

Tonadas de Baños de Montemayor

Baños de Montemayor ha tenido a lo largo de su historia varias tonadas de carácter pastoril y campesino que usaban los mozos y mozas del pueblo para expresar la alegría que sentían durante las fiestas.

Durante la noche de san Juan los mozos subían a los balcones y ventanas y colocaban la enramada- ramas de guindos y cerezos –ramas de guindos y cerezos- a las novias y se oían las siguientes canciones:

                                    A coger el trévoli, el trévoli, el trévoli

                                    a coger el trévoli los mis amores van

                                    a coger el trévoli, el trévoli, el trévoli,

                                    a coger el trévoli la noche de san Juan.

                                    Como vives en alto,

                                    pom-pon, vives airosa;

                                    por eso te has criado

                                    pom-pon, tan buena moza

                                    Quítate niña, de esos balcones,

                                    que, si no te quitas,

                                    ramos de flores,

                                    llamaré a la justicia

                                    que te apresione

                                    con la cadena de mis amores

A veces esta costumbre traía molestias al vecindario y problemas de orden público, por lo que las autoridades locales tuvieron que tomar medidas, así en las ordenanzas municipales de 1904, en su artículo 17 prohíbe «ocasionar en la calle ruido alguno que pudiera molestar al vecindario, reunirse en pandillas, hacer sonar instrumento, dar músicas o serenatas, ni celebrar bailes en la vía pública sin el permiso correspondiente».

Anteriormente, en 1898 las autoridades tuvieron que tomar algunas de estas medidas

En la primavera, finalizando las operaciones en las viñas, se celebraba la fiesta del “ramo”. Esta denominación tiene su origen en la costumbre tradicional de los mozos –cavadores de viñas- de cortar alguna rama de los árboles floridos al regresar a sus casas. Entonces entonaban unas canciones que se distinguen por su lentitud y tono elegíaco.

                                    Se han cavado las viñas

                                    sin echar “mantas”

                                    porque el amo y el ama

                                    no las aguantan,

                                    no las aguantan

Los mozos son obsequiados por los amos en sus casas con el “guisado” y buen vino y en gratitud, cantan esta canción:

                                    Viva el amo y el ama,

                                    vivan las viñas;

                                    vivan los cavadores

                                    que las cautivan (cultivan)

                                    que las cautivan….

                                    La viñita cavada,

                                    la cuba llena.

                                    echaremos un trago

                                    y siga la rueda

                                    ¡Viva el amo y el ama

                                    y también la viña!

                                    ¡Vivan los cavadores,

                                    que la cultivan!

Al fondo las traviesas donde se cultivaban las viñas

La siguiente tonada era frecuente escucharla a los labradores en los caminos de Baños, cuando regresaban a sus hogares procedentes de sus labores campesinas al atardecer. El fino escritor folclorista ya desaparecido, Valeriano González sostenía que constituye un grito penetrante y agudo, parecido al aturuxo gallego y al ixuxú asturiano.

                                    Una muchacha de Baños

                                    y otra de Montemayor,

                                    se pusieron a bailar

                                    y la de Baños ganó.

                                    Con el trae-trae

                                    tráeme la hierba buena

                                    trae, que la quiero yo…

En el otoño, de mañana, a la hora en que las mozas de la población veraniega marchaban al campo, se las oía una letrilla que pregonaba y justificaba su quehacer:

                                    A recoger la guindilla

                                    del campo que colorea

                                    más no voy sola,

                                    que amor me espera

                                    Y si mi amor no me espera

                                    yo solita me volviera,

                                    mas no voy sola,

                                    que amor me espera

                                    La, lará, lará, la lá,

                                    lara, lara, la, lara

                                    la, lara, laré, la lá,

                                    lará, lará, la lará.

Pero al abordar el folklore de Baños de Montemayor, no es posible dejar de consignar cuanto atañe a la festividad de san Antonio de Abad, que se celebraba el 17 de enero. Si el tiempo estaba bueno, era día de comer las clásicas manteladas, -pequeño pan con una tortilla de chorizo- en el campo, y de oír, entre otras, las siguientes canciones:

                                    Venimos de la pradera,

                                    venimos de la función,

                                    traemos una jumera

                                    de las de marca mayor.

                                    Tris-tras, mi niña y verás

                                    cómo se extiende el pañuelo

                                    por adelante con vuelo,

                                    tendido detrás.

                                    Molinero, molinero,

                                    no vayas de noche a Veras,

                                    porque estoy solita en casa

                                    y luego murmura la gente.

                                    Molinero, molinero

                                    Por la calle abajo va

                                    la vihuela de los tunos,

                                    como no llevan dinero

                                    no tienen miedo ninguno

                                    Venimos de la peña

                                    de los ladrones

                                    venimos a comernos

                                    los salchichones

 Aquí traemos algunos villancicos que se cantaban en la fiesta de la nochebuena:

La Serrana de la Sierra:

                                    La serrana de la sierra

                                    y la gitana de gito

                                    caminan hacia Belén

                                    a ver al niño chiquito

                                    toquen toquen el tamboril y la flauta;

                                    vamos, vamos al valle frío,

                                    a ver al Niño hermoso

                                    que en el portal ha nacido

                                    Los Reyes y pastores,

                                    todos van hacia Belén

                                    para ver al Niño-Dios,

                                    que acaba de nacer.

Una prueba de la existencia y ubicación de los molinos en Baños es el cancionero popular de este pueblo donde nos refiere el sitio y dice así:

                                    Vengo de moler morena de los molinos de arriba

                                    vengo de moler morena de los molinos de arriba

                                    cortejo a la molinera olé y olé,

                                    no me cobra su maquila

                                    que vengo de moler morena.

                                    Vengo de moler morena de los molinos de abajo

                                    vengo de moler morena de los molinos de abajo

                                    cortejo a la molinera olé y olé,

                                    no me cobra su trabajo

                                    que vengo de moler morena

                                    Vengo de moler morena de los molinos del puente

                                    duermo con la Carlota y su padre lo consiente

                                    que vengo de moler morena.

Molino harinero situado en la orilla del río de Baños

 En el libro “Baños de Baños” que escribió Nicolás Díaz Pérez, sobre su estancia en Baños de Montemayor en 1881, aparecen datos sobre cantos y bailes que se hacían en este pueblo e incluso sobre la ropa típica que vestían las jóvenes del lugar. Era enero y cuenta Nicolás Díaz, que aparecieron debajo de los balcones de su «hotel Comercio”, un corro de muchachas bailando alegremente, mientras otras cantaban canciones populares tan bonitas como éstas:

                                    Esclavo de unos ojos

                                    fui largo tiempo;

                                    pretendía favores

                                    logré desprecios.

                                     Y en mi desgracia

                                    si aún me queda el alivio

                                    de la esperanza,

                                    ¿Qué te han hecho mis ojos

                                    que no los miras

                                    con aquel cariñito

                                    que tú solías?

                                    Por ser tú tan mirado

                                    quieren casarme

                                    ¡fuego de Dios en hombre

                                    que es tan cobarde!

Dichos de Baños

                                    Los de Baños tienen un sentido a más.

                                    Dicen que me han de matar

                                    en la calle del Chorrillo:

                                    ya le pueden levantar

                                    las barras al cachorrillo

                                    Una vez que me dio gana

                                    de bajar a los mesones

                                    me dieron más calabazas

                                    que había en los Carcabones.

El tamborilero

Toda fiesta que se precie necesita de un buen tamborilero que de sonido para que los mozos y mozas bailen en cualquier ocasión que se presente. Baños no era conocido por tener buenos tamborileros y eso hacía que se buscaran en los pueblos de alrededor.

El escritor, Nicolás Díaz Pérez nos cuenta lo siguiente sobre su estancia en Baños:

“El seis de enero de 1881 amaneció claro y sereno, sin nubes en el cielo y con muchas jóvenes bonitas por las calles de Baños. Festividad de los reyes e hicieron llamar las autoridades al tamborilero Diego González, con casa abierta en la Garganta. La venida de Diego González a Baños era un acontecimiento de alegría para todas las muchachas del pueblo porque era señal fija de bailoteo en la plaza y en la carretera. Diego González con su tambor colgado de la cintura y su gaita en la boca no era como la vulgaridad de los tamborileros que se conocen en los pueblos de Extremadura. Tenía tal gracia tal aire particular en aquella mano que no se conocía otro en los pueblos de treinta leguas a la redonda. Cuando nos abrimos a los balcones de nuestro hotel y vimos bajo de ellos a todas las muchachas del pueblo bailando en grupos al son del tambor y la flauta de Diego González, sentimos cierta alegría que no se puede expresar”.

El pueblo de La Garganta ha tenido siempre fama de haber dado muy buenos tamborileros. Uno de los más importantes fue Valentín Vidal Hernández Sánchez (1887-). Contrajo matrimonio con Petra Verónica Neila Neila en 1916. Según comenta Juan de la Cruz, en su blog Cacereñeando,: “Era conocido popularmente como “Remundaina” y también como “Tío Vidal”, genuinamente sencillo, pleno de identidad popular y que de siempre se esforzó y se empeñó en llevar a lo más alto las esencias del folclore alto-extremeño de sus canciones y de sus danzas. Lo que consiguió, evidentemente, pero en base a un ímprobo y señalado esfuerzo”.

Valentín Vidal Hernández Sánchez, alias «Remundaina»

   

No solo este tamborilero tan famoso dejó huella de su arte por los pueblos de alrededor, haciendo una breve investigación sobre los tamborileros que dio el pueblo de la Garganta encontré los siguientes:

Manuel Sánchez García, natural de Valdefuentes de Sangusín (Salamanca), tamborilero, casado con María Majada Moreno, natural de La Garganta, el 19 de agosto de 1813. Un hijo de este matrimonio, Antonio Sánchez, contrajo matrimonio con Trinidad Parra Hernández en 1844, y no tenemos noticias que fuera tamborilero, pero sí lo fue su hijo Diego Sánchez Parra (1848-1899), cabrero de oficio y músico de afición. Contrajo matrimonio con Juana Campo González en 1876. En el libro de Nicolás Pérez Pérez: “Baños de Baños”, de 1880 , se describe que en la fiesta del día de reyes de ese año, el ayuntamiento de Baños lo hizo llamar para animar dicho día.

Contemporáneo suyo fue el también tamborilero Manuel Moreno Sánchez (1834-1875), casado en La Garganta con Luisa Jiménez Moreno en 1863. Otro tamborilero fue Serafín Campo González (1873-1936) hermano de la mujer de Diego Sánchez Parra, contrajo matrimonio con Agustina Campo Mazo en 1896. Fue el maestro de Vidal Hernández Sánchez (Tío Vidal, Remundaina) y Segundo Mazo Portela, éste compañero de Vidal, contrajo dos veces matrimonio, la primera con Regina Jiménez Sánchez en 1905 y la segunda con Petra Jiménez Sánchez en 1916.

Felipe González Majada (1904-) contrae matrimonio con Elvira Neila Hernández en 1927. Toca la gaita, pero no el tamboril y el más actual Manuel Hernández Castellano, discípulo de Vidal, conocido como Manolo en de la calle san Juan.

Seguramente hay más nombres, pero estos son los datos que encontré en mis documentos.

4 comentarios sobre “Bailes y cantes bañenses

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    1. Muchas gracias Miguel. Siempre tuve la idea de dar a conocer la historia de Baños para dar valor a todo aquello que los vecinos de Baños vivieron en distintas épocas para comprender y apreciar mejor lo que tenemos en nuestros dias

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