Mujeres de vida sospechosa, 1891

Voy a narrar unos hechos ocurridos en Baños de Montemayor a las once de la noche del día 25 de enero de 1891.

El vecino Ambrosio iba paseando a esa hora por la calle de los Postigos y al entrarle ganas de “hacer aguas” subió a la calle de los Linares para desaguar. Al pasar por la puerta de la casa donde vivían unas mujeres, según palabras textuales de este vecino de vida sospechosa, sintió ruido dentro de la casa y para cerciorarse de lo que estaba pasando, se paró un momento frente a la puerta y al poco tiempo recibió un golpe de piedra o ladrillo (no supo en ese momento lo que era) que fue arrojado desde una de las ventanas que estaba encima de la puerta. El golpe le trastornó, cayendo al suelo (luego se comprobó que la piedra o ladrillo le hizo una herida en la cabeza y cuello), al levantarse empezó a dar voces y al poco tiempo llegó su hermano Manuel, que, acompañado por el alguacil, lo primero que hicieron fue llevar al herido a casa del juez municipal, que vivía cerca de allí, para denunciar los hechos. El juez preguntó al herido si sabía quién le había lanzado el objeto contundente, contestando éste que solo vio una mano que se escondía desde la ventana una vez que lo lanzó.

El juez acompañado por el herido, el hermano y alguacil, llegó al domicilio de los hechos y empezó a hacer las diligencias necesarias. Al llamar a la puerta le abrió la dueña de la misma acompañada por otras mujeres. El juez ordenó que salieran todos los hombres que estuvieran dentro, saliendo tres vecinos, José, Florencio y Muñoz, manifestando las mujeres que no había más hombres en la casa, simplemente un enfermo acostado en un cuarto. No satisfecho, procedió el juez a subir a la habitación, encontrando en una cama a Pedro y a Elías, que al parecer estaban dormidos. Los cinco hombres junto con las mujeres allí presentes fueron directos al calabozo.

Poco después, con el vecino lesionado, el juez se trasladó al domicilio del médico titular y, una vez atendido por éste, le ordenó que se fuera a su casa y no saliera sin orden del facultativo. Éste en el parte médico explica que el susodicho presentaba una herida contusa de tres a cuatro centímetros en el lado derecho de la cabeza y necesitó tres puntos de sutura.

Al día siguiente se tomó declaración ante la autoridad tanto al herido, que estaba descansando en casa, como a los encausados. Los hombres que declararon fueron Muñoz, José, Pedro, Florencio y Elías y las mujeres Petra y Felisa.

DECLARACIÓN DE MUÑOZ

Soltero, 33 años.

Preguntado: ¿Con qué motivo se encontraba en la casa de Petra en la noche anterior sobre las once de la misma?

Declara: Al terminar de cenar y en compañía de José, que me lo encontré en la calle, este me invitó a tomar un café en dicha casa. Estábamos sentados en una camilla con Florencio, Elías y Pedro, que nos invitaron a comer un poco de magro, aceptamos y, tras comérnoslo, estando de sobremesa, llamaron a la puerta, lo que habían hecho ya tres veces un rato antes. Una muchacha de apodo la “Rubia” no quiso abrir y dijo “a estos ya los arreglaré de un ladrillazo”. El ama (Petra) y dicha joven se salieron de la habitación y al poco oímos las voces en la calle de un hombre quejándose de que le habían herido. En esto, entraron las dos mujeres en la habitación en que me hallaba con mis compañeros y la «Rubia» dijo “eso no es nada” refiriéndose al hombre que daba las voces. A poco rato se presentó Ud. señor juez y detuvo a los que allí nos encontrábamos.

Preguntado: ¿Qué concepto tiene formado del modo de vivir de la referida Petra y de las mujeres que la acompañan?

Declara: El concepto público es que tienen costumbres poco decorosas y muy libertinas originando la perversión de aquellas en el vecindario. Es cuanto puedo decir.

DECLARACIÓN DE JOSÉ

Casado, 28 años, vecino de Aldeanueva del Camino.

Preguntado: ¿Con qué motivo se hallaba en la casa de Petra, que tiene a su servicio a varias jóvenes en el concepto de camareras?

Declara: Junto con Muñoz fui a dicha casa a tomar un café y, estando sentados en la camilla con Elías y Pedro, nos dijeron que podíamos acompañarles a comer un poco de magro. Así hicimos y la señora Petra dijo que cerraría la puerta para que no entrara nadie, estuvimos comiendo y de sobremesa. Llamaron a la puerta y entonces la “Rubia” dijo “dejar que a ese yo lo arreglaré con un ladrillo”, saliendo de la habitación junto con tía Petra. Poco después volvieron a entrar juntas cuando se oía en la calle quejarse a un hombre. Algunos de los que estaban dentro de la casa quisieron salir, pero yo me opuse porque ninguno de nosotros éramos culpables y era preferible que, si iba a venir la autoridad, nos encontrara donde estábamos mejor que en cualquier otra parte.

Preguntado: ¿Qué concepto tiene formado del modo de vivir de las personas que habitan en dicha casa?

Declara: Por lo que he oído es una casa de prostitución. Es cuanto puedo decir.

DECLARACIÓN DE PEDRO

Soltero, 21 años.

Declara: Estando sentado en la camilla junto a los otros vecinos y dos jóvenes que habitan en dicha casa, llamó a la puerta la autoridad y por vergüenza de que me encontraran en dicha casa, procuré ocultarme saliendo de la habitación, subiendo a un cuarto junto con Elías, donde nos encontró usted.

Preguntado: ¿Qué ocurrió para que se ocultara por vergüenza por presentarse ante la autoridad?

Declara: Como por el pueblo se dice que es una casa de prostitución, no me honraba mi estancia en ella y estando junto con los vecinos en la camilla y teniendo acordado cenar un poco de magro, al oír las voces bajó la “Rubia” del segundo piso y a la Petra la hallé en el pasillo.

DECLARACIÓN DE FLORENCIO

Soltero, 19 años.

Declara: Me encontraba en la camilla, a poco entraron un grupo de hombres y tía Petra nos dijo a mí y mis cuatro compañeros que subiéramos a la cocina, lo que hicimos. Luego oímos al señor alcalde decirle al ama que echara a la gente a la calle y cerrara, cosa que hizo con el grupo de hombres que antes mencioné y cerró la puerta. Nos dijo a mí y mis compañeros que ya podíamos bajar a la sala, lo que hicimos y nos pusimos a cenar en unión de dos muchachas. En esto llamaron a la puerta varias veces y la “Rubia” dijo “veréis como alguno de esos se mama un ladrillazo”. Terminamos de cenar y volvieron a llamar a la puerta y entonces tía Petra y la “Rubia” salieron de la sala. A poco oímos lamentarse a un hombre en la calle y entraron las autoridades en la habitación, preguntándoles qué había pasado y ellas contestaron que no lo sabían.

DECLARACIÓN DE ELÍAS

Soltero, 18 años.

Declara: Estando comiendo un poco de magro se presentaron José y Muñoz, que aceptaron cenar con nosotros. Estando los cinco en la cocina oímos que el señor alcalde ordenó al ama que hiciera que se marchara la gente, lo que hizo con los hombres que estaban en la sala y cerró la puerta, avisándonos para que bajáramos. Nos pusimos a cenar, al rato llamaron a la puerta y la “Rubia” dijo “veréis como alguno se mama un ladrillazo”. Después de haber cenado volvieron a llamar y esta y tía Petra se salieron de la sala. Al poco oímos lamentos en la calle, volvieron las dos a la habitación y les preguntamos qué había ocurrido, contestando que lo ignoraban. A los pocos momentos se presentó la autoridad y Pedro y yo nos subimos al segundo piso para ver si conseguíamos que no nos vieran, pues nos daba vergüenza por encontrarnos en una casa que está reputada como de prostitución. A pesar de esto, no lo conseguimos pues nos encontraron en la cama e hicieron que nos levantáramos. Fue entonces cuando nos enteramos de que el hombre de los lamentos era Ambrosio, pero no podría decir quien fue el autor o autores de la lesión.

DECLARACIÓN DE PETRA

Viuda, 36 años, natural de Cepeda.

Preguntada: ¿Quiénes se encontraban en su casa la noche del 25?

Declara: Se encontraban un tal José, Muñoz, Florencio, Pedro y Elías, que estaban cenando un poco de lomo, y en un gabinete estaba un señor forastero acostado por hallarse enfermo. Empezaron desde la calle a pegar porrazos a las puertas y ventanas y en ese momento el señor del gabinete llamó, salí para ver lo que quería y encendí una vela. Volví a la sala con los antedichos y oí lamentos desde la calle de un hombre que decía haber sido herido.

Preguntada: ¿Qué personas tiene habitando en su casa y a que se dedican en ella?

Declara: Tengo a tres jóvenes de edad aproximada 20 años llamadas Lola, Nemesia y Felisa la “Rubia”, las dos primeras para que sirvan el café y la tercera como criada.

Preguntada: ¿Quién es el señor que estaba en la cama?

Declara: Ignoro su nombre porque vino de parte de una hija que tengo en Bilbao y fue de paso para Vizcaya.

Preguntada: ¿Oyó decir a la “Rubia” algo de un ladrillazo?

Declara: No, solo oí decir a los de afuera decir “criada” o “anda puta” y ella les contestó desde dentro diciendo que eran unos ladrones.

Preguntada: ¿Qué sueldo o retribución tienen las jóvenes destinadas al servicio de café, así como la criada?

Declara: A la “Rubia” le doy un duro al mes y la comida, con la Nemesia no tengo hecho contrato todavía y a la Lola la comida y propinas que saque.

DECLARACIÓN DE FELISA LA «RUBIA»

Soltera, 19 años, natural de Orense.

Declara: Solo oí llamar a la puerta cuando Ud. señor Juez lo hizo, permanecí en la misma habitación que los hombres que antes declararon hasta que salí a abrir a la autoridad. Mi ama después de la cena fue al gabinete a servir un vaso de leche a un señor que estaba acostado enfermo.

Preguntada: ¿No expresó cuando llamaban a la puerta “veréis como…”?

Declara: Eso es mentira.

Preguntada: ¿Cuánto tiempo hace que está en este pueblo?

Declara: Hace aproximadamente un año vine como criada, no tengo documento de identidad pues se me ha extraviado. Gano 20 reales al mes.

Preguntada: ¿Tiene el ama alguna sirviente en la casa y qué ocupación tienen?

Declara: Hay dos jóvenes más, que tendrán 20 años, dedicadas propiamente de camareras para servirles bebidas a los hombres.

Criminal contra Petra y Felisa por lesiones a Ambrosio vecino de baños, ocurrido el suceso entre diez y once de la noche del 25 de enero. En libertad provisional.

Se les abre causa criminal a Petra y Felisa ordenándoseles la libertad provisional sin fianza y con la obligación de comparecer ante el juzgado de Plasencia los días 15 y 30 de cada mes. A las otras dos chicas se les libera de la citación de comparecencia a este juzgado, pero sí al de Baños.

La citada Lola se marchó del pueblo sin saber su destino.

      

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