Escuela de adultos, normativa legal de la Escuela y planes de estudio (1836-1932)

Escuela de adultos o nocturnas

En 1838, la Ley Someruelos establecía el fomento de la escuela de adultos y el mantenimiento de las existentes. En 1857, la conocida Ley Moyano promovía la creación de clases nocturnas para aquellos que quisieran avanzar en sus conocimientos o para los que se iniciaran por primera vez en su adquisición.

Un Real Decreto de 4 de octubre de 1906 volvía a reiterar la idea de las clases nocturnas. Y en su artículo 19 se establecía que, junto al maestro, debería colaborar alguna personalidad del pueblo –farmacéutico, médico, entre otros- en calidad de invitados en las clases nocturnas de adultos. La idea fracasó por falta de colaboración y de buen planteamiento educativo. En 1922, gracias al R.D. de 25 de septiembre se pusieron en marcha clases para alumnos de doce a dieciocho años. La alfabetización sobre todo y un breve impulso en la educación de los adultos, fue por tanto, el principal impulsor de estas medidas.

Se tienen noticias documentales de la existencia de la escuela de adultos en Baños de Montemayor desde el siglo XIX, concretamente la primera fecha documentada es de 1873, donde el ayuntamiento acuerda que continuara la escuela de adultos (se supone que anteriormente ya existía pero no hay documentación desde qué fecha) auxiliada por el sacerdote José González Prieto, que se prestó voluntario para llevar la enseñanza moral a los adultos de forma gratuita, siendo por cuenta de los fondos municipales el material de escuela que se necesitara.

En 1908 volvemos a tener referencia de esta escuela de adultos, estando al cargo de la misma el maestro Julián Rodríguez Polo. En una carta al director del periódico “El Noticiero” de Cáceres, comenta que se estaba dando una serie de conferencias en la clase de adultos, por parte de vecinos significados en el pueblo como los dos párrocos, Casimiro Vegas y Francisco Gómez, el farmacéutico Joaquín Regidor, el médico Sergio Pesado Blanco, el jubilado de telégrafos Gabriel Miña, el secretario de ayuntamiento Domingo Regidor, etc.

No sabemos la continuidad que tuvo desde ese año hasta 1916, pero en un escrito del cura párroco de santa María Elías Serradilla a la Junta del balneario comenta que ante el número elevado de analfabetos que había en ese momento en el pueblo, quiere crear una escuela nocturna de adultos y no contando con recursos solicita a la Junta del balneario la cantidad necesaria para los gastos indispensables de libros, papel, tinta etc. Así es como empieza a ser la Junta del balneario la patrocinadora de la escuela de adultos durante bastantes años. Posteriormente también se une a esta idea el sacerdote de santa Catalina Gabriel González y como auxiliar el presbítero Luis Harguindey. El número de asistentes no era inferior a cuarenta diarios, por lo que pide también más dinero para material que las cien pesetas que se le dieron en un primer momento.

En noviembre de 1916 la profesora de niñas Laura Calamita expone también ante la Junta del balneario, la necesidad de crear una escuela de adultas con edades superiores a 13 años, pues no puede atender a las mismas en el horario de las niñas ya que tiene 128 matrículas y no daba abasto. Para ello solicita un sueldo de 275 pesetas y 68 pesetas para el material, atendiendo que daría las clases en la misma aula de la escuela de niñas; añade que es el sueldo que se le da a cualquier maestro de escuela de adultos por su trabajo. La idea era empezar en noviembre y terminar a finales de marzo. En este caso la Junta del balneario no accedió a lo solicitado alegando que no daría resultado unas clases que se dieran por la noche y considerar también que las cantidades eran excesivas. Es curioso que para los hombres sí era conveniente esa clase nocturna, pero para las mujeres no.

En 1918 quien da la clase nocturna a los adultos es Casimiro Hernández García, maestro con el sueldo de 50 pesetas, el mismo que tenía el sacerdote de santa María. En este año eran ya 50 los adultos que acudían a clase. Viendo la buena acogida que tuvo en ese año la escuela de adultos, la Junta del balneario dota a la misma con 13,50 pesetas para la compra del material para las clases: papel rayado, clarión, tinta, plumas, pizarrines y portaplumas.

El 12 de diciembre de 1919 Gabriel González y Elías Serradilla, párrocos de ambas iglesias, reciben de la Junta del balneario 100 pesetas para la escuela de adultos. Pero esta escuela no tenía continuidad en el tiempo. En 1921 los dos sacerdotes se comprometieron de nuevo a formar clase de adultos, ya que la escuela oficial no era suficiente por el gran número de alumnos que acogía, por lo que se acordó por parte de la Junta del balneario, como patrocinadora de la misma, conceder una gratificación de 750 pesetas al encargado de la parroquia de santa María por cuya cantidad tendrían que dar clase a los adultos en unión del sacristán como auxiliar, de noviembre a marzo y subvencionando el material pedagógico que se necesitara. Todo ello según la Junta, «para beneficio de la cultura del pueblo». En 1922 hay problemas con las subvenciones que la Junta del balneario dona a los sacerdotes y sacristanes como auxiliares de la escuela de adultos, (la Junta no quería pagar al sacristán sueldo por dar clases) por lo que se rompen las negociaciones y se solicita que se haga cargo de la misma a Florencio Durán quien poseía título de maestro y para continuar con la labor necesaria se le paga cien pesetas mensuales y que no pasaran de cinco meses anuales el dar clases nocturnas a los adultos.

Distintos recibos satisfechos por la Junta del balneario de los gastos de maestro y material de la escuela de adultos

En 1927, Florencio Durán dimite como maestro de adultos, pues es nombrado maestro interino en Asturias, le sustituye Manuel Mandado del Olmo; antes lo fue también Ángel Mandado del Olmo, pero en 1928 ya no consta como encargado de la escuela de adultos.

Los últimos datos recopilados sobre esta escuela de adultos, son de octubre de 1927, donde la Junta del balneario decide facilitar 250 pesetas a Victoriano Mandado para que admitiera en su escuela a todos los adultos que concurrieran, aunque pasaran del número que la ley estipulaba. El dinero era como compensación a su aumento de trabajo por este exceso de concurrencia.

Escuelas Unitarias y Graduadas

La Primera Enseñanza durante la época a la que nos referimos, estuvo regida normativamente en España por la Ley Moyano de 1857. No fue una ley innovadora, sino que representó el resumen y la consolidación de estructuras que se habían ido creando hasta entonces, lo que en el nivel primario se había regulado por la Ley Someruelos de 1838.

Como característica más destacada de la Ley Moyano, se resalta la total ausencia de finalidades u objetivos generales de la enseñanza. Por lo tanto, se le puede considerar una ley técnica. Rigió la estructura del sistema educativo español hasta la Ley General de Educación de 1970.

En el momento de la promulgación de la Ley Moyano, la Escuela pública española se dividía en dos clases: escuelas elementales y superiores, según la amplitud de las materias que en ellas se estudiasen. La misma división mantendrá la Ley Moyano de 1857 y no desaparecerá hasta 1910.

La denominación de “nacionales” comienza a utilizarse a partir de principios del siglo XX (Real Decreto de 16 de febrero de 1912), cuando los gastos de personal pasan a ser asumidos en su totalidad por el entonces recién creado Ministerio de Instrucción pública (1911); hasta entonces las escuelas se consideraban “públicas” si estaban sostenidas con fondos públicos, generalmente, de ayuntamientos o diputaciones provinciales.

Escuelas unitarias

Las escuelas de enseñanza primarias, fueran públicas o privadas, se organizaban en una única clase o sección, a cargo del maestro o maestra, juntos en un mismo local durante el horario escolar. Se trata de las escuelas unitarias. La atención en ellas se organizaba por turnos, asignando el maestro o maestra tareas como la lectura, estudios, dibujo, etc., a los grados que no atendía. Cuantitativamente este grupo suele estar con frecuencia cercano a los cien alumnos, a los que en ocasiones supera, por lo que a veces, estas unitarias han contado también con un auxiliar, sin dejar por ello de ser unitarias.

Esta fue la forma organizativa más común en la historia educativa española durante el siglo XIX y muy buena parte del XX, y solo muy lentamente sería sustituida por las llamadas “escuelas graduadas”, en un proceso que se extenderá entre 1901 y, en muchas zonas de España, hasta el decenio de 1970.

Escuelas graduadas

El sistema de graduación de la enseñanza consiste en la agrupación de los escolares por criterios de edad o de nivel de conocimientos, para obtener grupos (secciones) más homogéneos, a los cuales el maestro o maestra pudiera dedicar una mejor atención didáctica. Su fin es la organización de escuelas con varias aulas, cada una ocupada por un grupo o sección a cargo de un maestro o maestra, escuelas a las que se denomina “graduadas”, para distinguirlas de aquellas en las que todos los grados están en la misma aula (unitarias).

En tal tipo de escuela existe una figura de director (o y ) directora, con funciones administrativas (matrícula de niños, provisión de material, gestión de mantenimiento de locales, etc.) y pedagógicas (establecimiento o coordinación de programas de cada sección fijación de horarios, normativa de exámenes, atención de padres, gestión de recursos, etc.).

La Ley Moyano confirmó tácitamente la graduación de la escuela unitaria, pero diferentes leyes posteriores modificaron parcialmente la Ley Moyano, y el sistema de graduación se perfecciona en 1911 (Real Decreto de 26 octubre de 1901, Arts 2º. y 6º), cuando se establece un grupo o sección para cada una de las edades de escolaridad obligatoria, desde los seis hasta los 12 años inclusive (la ley Moyano establecía la obligatoriedad hasta los 9 años) Se anuncia asimismo un sistema de graduación para los párvulos. Los grados quedan así fijados:

Grupo de párvulos hasta 6 años

Primer grupo de 6 a 7 años

Segundo grupo, de 7 a 8 años

Tercer grupo, de 8 a 9 años

Cuarto grupo, de 9 a 10 años

Quinto grupo, de 10 a 11 años

Sexto grupo, de 11 a 12 años.

En el Real Decreto de 18 de julio de 1913, se confirma la diferenciación pedagógica entre las escuelas de párvulos y las escuelas primarias. Esta norma de 1913 resulta interesante porque en ella se establece un grado complementario, para niños mayores de 12 años que voluntariamente siguieran permaneciendo en la Escuela, y se contempla asimismo la posibilidad de formar un grado preparatorio con niños de párvulos que estuvieran a la espera de ingresar en una Escuela primaria, y una clase “especial”, para niños de primaria “mentalmente retrasados”. (R.D. de 1913. Art. 6º).

En 1923 se establece la edad escolar obligatoria hasta los 14 años, consagrando la denominación de “grado de ampliación”, al formado por estas edades.

Planes de estudios

La primera enseñanza o instrucción primaria se dividía en elemental y superior en función de las materias que en cada una se enseñaran: cinco materias en la instrucción elemental y nueve en la superior. (Ley 1838, art. 4º y 5º).

Las materias que comprendían la enseñanza elemental y superior eran para los niños: Principios de la Religión y Moral, Lectura, Escritura, Principios de Aritmética, Elementos de gramática castellana. En la Superior las mismas más Elementos de Geometría, Dibujo lineal, Nociones de Física y de Historia Natural y Elementos de Geografía y de Historia de España.

Para las niñas se indicaba lo siguiente:

            “Se establecerán escuelas separadas para las niñas, donde quiera que los recursos lo permitan, acomodándose la enseñanza en estas escuelas a las correspondientes elementales y superiores de niños, con las modificaciones sin embargo que exige la diferencia de sexo”. (Ley de 21 de julio de 1838, art. 35).

En 1849 se estableció el estudio de la agricultura en todas las escuelas españolas.

Con la ley Moyano de 1857 la primera enseñanza elemental comprenderá: Religión, Lectura, Escritura, Gramática y Aritmética tanto para niñas como para niños, más Agricultura, Industria y Comercio para éstos, que en las niñas era sustituida por labores “propias del sexo” (Ley de 9 de septiembre de 1857, arts. 1 a 5.).

La enseñanza superior abarcaría, además de una prudente ampliación de las materias anteriores las siguientes: Dibujo lineal e Historia y Geografía para ambos géneros, aunque el dibujo de las niñas era “aplicado a las labores propias del sexo”, y además los niños tenían Geometría, Agrimensura y Física e Historia natural, mientras que las niñas solo podían estudiar Higiene doméstica.

A partir de 1899 se introducen materias relacionadas en cierta medida con la educación física, trabajo manual, cantos sencillos y por lo menos una vez a la semana en cada sección, práctica de paseos y excursiones.

En 1901 se introduce con carácter general la educación física en la totalidad de la educación primaria, tanto la de párvulos como la de niños y niñas que seguirían el mismo plan de estudios:

  1. Doctrina Cristiana y nociones de Historia Sagrada
  2. Lengua castellana, Lectura, Escritura y Gramática
  3. Aritmética
  4. Geografía e Historia
  5. Rudimentos de Derecho
  6. Nociones de Geometría
  7. Nociones de Ciencias Físicas, Químicas y Naturales
  8. Nociones de Higiene y Fisiología humana
  9. Dibujo
  10. Canto
  11. Trabajos manuales
  12. Ejercicios corporales

Este plan de 1901, con esta ampliación se extenderá, también en 1918 a las Escuelas graduadas, que hasta entonces habían llevado distinto plan de estudios, y perdurará en la legislación escolar hasta la Ley de Educación Primaria de 1945.

Libros que estudiaban los niños y niñas de Baños de Montemayor en la escuela

Adela Revilla, una maestra ilustrada

Una de las maestras que dieron clase a las niñas en Baños de Montemayor fue Adela Revilla Gastón. Adquirió la plaza titular de maestra en este pueblo en 1923. Era muy ilustrada y crítica con algunas de las cuestiones de la enseñanza de su época. En uno de los artículos que escribió en el periódico «Nuevo Día» en 1929, comenta que la enseñanza del idioma español era junto a la Religión y Moral, la misión principal que un maestro debía dedicarse. Hace una crítica a muchos escritores que distorsionan nuestro idioma, unos por excesiva afectación y otros por afán desmedido de originalidad.

Propugna, a su entender, los buenos modelos literarios en España y cree conveniente una selección de autores que influyeran continuamente en el alma de los niños y niñas, dispensando sus instintos de arte y buen gusto, prevaliéndoles de otras influencias nocivas en su trato corriente fuera de la escuela. Quiere también evitar la monotonía que existía en las escuelas de su tiempo con desesperante exclusivismo por parte de la lectura de “El Quijote” y las “Fábulas de Samaniego”.

Con gran determinación piensa que sería bueno que el Estado impusiera una buena selección de autores y defiende a la vez que, al lado de Cervantes, a quien halaga, entren poetas como Gabriel y Galán, Zorrilla, Trueba y Aguilera. Noveladores como Pereda, Coloma y algunos otros moralizadores excelentes y amenos. Critica a los modernistas por sus extravagancias.

Termina su artículo diciendo que, al niño y a la niña en la escuela, había que completarle su aprendizaje con un suplemento de grandes figuras literarias, porque ellas, en resumen, son las que, inspirándose en el pueblo, formaron el idioma español. Critica por tanto que se les imponga siempre “El Quijote” para la lectura, pues para la enseñanza del idioma hay que vivir en la época en que se vive, porque una lengua, como un ser humano, evoluciona totalmente y es preciso educar a los niños y niñas en los buenos escritores de su tiempo como los prosistas Pereda, Valle-Inclán, Coloma, Ricardo León y Valera.

Adela Revilla Gastán

Tenía una gran visión social. Organizó en su escuela en 1927 una Mutualidad llamada «Santa Teresa de Jesús», que fue muy próspera en la provincia en relación con el vecindario que tenía en esos momentos Baños de Montemayor. Ella mismo indica que en Baños de Montemayor estaba muy arraigado el amor a la cultura y a todo lo que contribuyera a su fomento y desarrollo, respondiendo muy bien sus alumnos a tan honrosa iniciativa. Contaba en dicho año con 140 asociadas, un número mayor que el de alumnas que figuraban con matrícula escolar, lo cual indica que ayudaban en la mutualidad todas las niñas que asistían a la escuela y bastantes otras que cumplieron su edad escolar o no habían ingresado aún. Esta mutualidad distribuía durante el año un gran número de socorros, lo que servía a la vez de estímulo para el fomento de dicha Asociación.

Explica la maestra que, «siendo el pueblo sumamente frío, al llegar los meses de invierno la matrícula decae y las niñas enferman por la falta de abrigo confortable y alimentación defectuosa y ahí radicaba precisamente la obra de la Mutualidad, pues los socorros podían dar asistencia a estas niñas». Precisamente coincidió este año de 1927 con una gran epidemia gripal.

Exámenes

El Reglamento de Escuelas Públicas de 1838 establecía entre otras cosas que se debía comprobar el aprendizaje de niños y niñas mediante exámenes anuales, considerándolos un medio adecuado para elevar el bajísimo nivel de enseñanza que había en ese momento y para que el Gobierno conociera el estado de la instrucción.

En 1842 tenemos las primeras noticias documentales de la celebración de exámenes y que a criterio de los miembros del a Comisión Local de Enseñanza, fue de gran satisfacción.

En un documento municipal de 1857 se explica cómo se hacían estos exámenes.  Se celebró en la escuela pública un examen general de los niños con la asistencia de los miembros de la Comisión Local de Enseñanza y otras personas que acudieron con invitaciones especiales. El maestro era Saturnino Hernández de Castro, quien dio un breve discurso acerca de la necesidad y utilidad de la enseñanza ligada a la religión. Se dio posteriormente inicio al examen por la clase de Religión Moral e Historia Sagrada, dividiendo las ocho lecciones entre los 106 alumnos, habiendo contestado satisfactoriamente a las preguntas que el vocal eclesiástico y el maestro les hicieron sobre dichas materias.

A continuación, se procedió a la lectura por parte de los niños, de los diferentes libros adquiridos por la escuela, dando muy buena impresión a los miembros de la Comisión y demás personas presentes. Destacó especialmente la clase de Aritmética en que los niños resolvieron con precisión varios problemas propuestos.

Por último, visitaron el examen de Escrituras y los niños dieron prueba de su aplicación y esmerado celo. Se felicitó por parte de la Comisión al profesor y se acordó se remitieran los resultados del examen a la Junta Provincial de Enseñanza.

Hay datos de otro ejemplo de exámenes, en este caso de niñas, se produjo en el año 1921. La maestra de niñas de Baños de Montemayor en esos momentos era Laura Calamita, que hizo permuta en la plaza con la anterior maestra María Morales Blanco. Los datos hacen referencia a un artículo en el periódico «El Avance» de Béjar, donde se comenta la exposición escolar de fin de curso de las niñas de la escuela de Baños. Se relata en este artículo cómo la Junta Local de Enseñanza hizo entrada en el salón-escuela mientras las niñas cantaban el himno a la enseñanza. Después de varias lecturas de poesías y recitación de diálogos, se pasó al examen de los trabajos y se señaló por parte de dicha Junta la buena labor escolar realizada por la señora Calamita. También se resaltó en el mismo acto por parte de la Junta Local, la competencia de dicha maestra en materia pedagógica, con métodos prácticos y modernos, sin la rutina de los antiguos métodos, haciendo de la enseñanza un acto útil y provechoso. Así lo entendieron también los padres de familia toda vez que dicha maestra recibió las enhorabuenas por su gran labor.

Material de escuela

A mediados del siglo XIX, el material de escuela era sufragado normalmente por los padres de los niños y niñas que asistían a las clases. El ayuntamiento se hacía cargo del material de los niños y niñas pobres que seleccionara la Comisión Local de Enseñanza. Cuando se pagaban los honorarios a los maestros se le daba una asignación para que ellos mismos se hicieran cargo de la compra de dicho material para estos niños y niñas que no podían pagarlo.

En 1867 los padres de los niños y niñas de Baños de Montemayor que asisten a la escuela, piden al ayuntamiento que se haga cargo de los gastos de libros y material de enseñanza. La corporación acuerda que de la cantidad asignada en el presupuesto municipal para material de escuela se facilite por los profesores a todos los niños y niñas concurrentes a las escuelas los libros, papel plumas y demás necesario para el adelanto de la instrucción de aquellos.

A principios del siglo XX será la Junta del balneario quien se haga cargo del presupuesto para el material de escuela, siempre a petición de los maestros y maestras.

Según un documento de 1918 la escuela tenía el siguiente mobiliario y material:

«Retrato de S. M. el Rey, crucifijo, mesa para el profesor, un sillón y dos sillas, armario-librería, 4 encerados, 20 mesas bipersonales, 4 banquillos, 4 docenas de tinteros de porcelana, 3 docenas de pizarras y una caja de pizarrines, mapa de España».

Material de escuela y libros solicitados por los maestros de Baños de Montemayor en varios años

Memoria escolar curso 1922-1923

Gracias a la memoria presentada por el maestro Victoriano Mandado, en el curso 1922-1923 podemos tener algunos datos interesantes sobre la educación de los niños, número de matrículas, metodología y materias a estudiar.

Fue presentada esta memoria a la Junta Local de Primera Enseñanza de Baños de Montemayor en julio de 1923.

El curso de 1922-1923, empezó a primeros de septiembre, formalizando una matrícula de 137 niños (solo daba clase a niños), haciendo distinción entre mayores de 12 años (13) (recordemos que en 1913 se establece un grado complementario, para niños mayores de 12 años que voluntariamente siguieran permaneciendo en la Escuela y que en mayo de 1923 se establece la edad escolar obligatoria hasta los 14 años, consagrando la denominación de “grado de ampliación) (de 12 años (22), de 11 años (18), de 10 años (21), de 9 años (19), de ocho años (14), de 7 años (26) y de 6 años (4). El grupo de párvulos era hasta 6 años y tenían escuela aparte.

De los que empezaron el curso, sabían leer y escribir 30, en grado de iniciación de la lectura sin saber escribir 20 y completamente analfabetos 87. En el transcurso del año se produjeron 23 bajas en la matrícula por las siguientes causas: » cinco, por haber cambiado sus padres de residencia, seis colocados en junio en los comercios de la localidad, dos que en el mes de julio han sido dedicados por sus padres a las faenas del campo, tres han sido despedidos por su mala conducta, siete han dejado de asistir, de éstos tres por malos tratos, según sus padres y los otros cuatro por necesidades familiares o falta de interés en la educación

Habla Victoriano Mandado que antes de llegar él la falta de disciplina era total, pero se propuso cortar de raíz este mal y restablecer la debida disciplina. Criticaba a los padres por la poca vigilancia que tenían sobre sus hijos y por ocuparlos en trabajos domésticos en las horas de clase. Para evitar esta situación dedicó tiempo para estimular a los padres preguntándoles por sus hijos, las faltas de asistencia y negando la salida de la escuela para llevar la comida a sus padres, cuidar de otros niños etc., obrando así consiguió disciplina y orden, y según sus propias palabras “ganando todos tanto padres como maestros.”

Memoria de Victoriano Mandado (1922-1923)

Para conseguir dicho orden y disciplina según sus propias palabras “tuve que hacer empleo de medios violentos, que aun siendo sensibles suelen ser recursos eficaces aplicados con justicia pero que el mismo maestro lo tiene que lamentar y sentir para salvar el cuerpo escolar”. Se reafirma en sus memorias que pudo haberse equivocado con ese camino, pero los hechos, según él, le daban la razón toda vez que con sus procedimientos y con el trabajo a favor del niño, consiguió mantener una asistencia diaria de más de 120 alumnos que representaba el 94 % de la matrícula.

Con un presupuesto escolar público de 121 pesetas, cantidad insignificante para atender tantos niños, gracias a la Junta del balneario y a la asignación que le daba pudo tener el material adecuado. Se compraron encerados, mapas, esfera terrestre, libros, tinta, papel, etc., por valor de 1.358 pesetas, de las que 300 correspondieron a las niñas.

Comenta, por último, que acabado el curso no había ningún analfabeto, habiéndose intensificado la enseñanza en la Lectura, Escritura, Aritmética, Geografía, Gramática y Religión.

La memoria se realizó el 11 de julio de 1923 firmada por Victoriano Mandado.

Victoriano Mandado Mediante (1870-1940) 

Nació en Baños de Montemayor en 1870, hijo de Eduardo Mandado Hernández (1844-1879) y de María Encarnación Mediante Medalla (1845-1879). Contrajo matrimonio dos veces, la primera con María Concepción del Olmo Martín, y la segunda con Mercedes Traviesa López. Tuvo entre ambos matrimonios doce hijos.

En 1896 se encuentra en Baños de Montemayor como maestro interino, sin haber sacado la oposición. Es en 1900 cuando se le da el título profesional de maestro. En mayo de 1903 pide interinidad para Zarza de Granadilla con 412 pesetas de sueldo.

En 1904 se presenta a las oposiciones de escuelas de niños dotadas con 825 pesetas. Los temas que le tocaron en suerte en la oposición fueron dos: el primero, “Moisés y Josué” y el segundo: “Reglas para el acertado uso de las letras i, y, m, p, r, rr, u, v, x poniendo ejemplos que confirmaran la teoría”. Luego tuvo la lectura del ejercicio escrito y al mes siguiente practica el ejercicio oral que lo pasa satisfactoriamente. El tribunal solo le da un voto mientras los demás obtuvieron mayoría de votos o unanimidad. En diciembre de ese mismo año aspira a las plazas de maestros auxiliares de 1.100 pesetas.

Es en 1905 cuando aprueba por fin la plaza de maestro de niños, siendo su primer destino la escuela de Peñausende, provincia de Zamora con 825 pesetas anuales. En 1908 aspira a la plaza de escuelas de niños con un sueldo de 2.000 pesetas o más al año. En 1909 se le admite en la asociación de maestros de España. Por esta época es maestro de párvulos con niños de 1 a 6 años.

En 1915 hay concurso de traslado y provisionalmente se le da la plaza de Puerto de Béjar, en la provincia de Salamanca. En 1920 aprueba la oposición a escuelas nacionales, eligiendo plaza fija en Cespedosa de Tormes, provincia de Salamanca, tomando posesión en febrero del mismo año.

Es en 1922 cuando coge la plaza de maestro nacional en Baños de Montemayor y en 1925 se le sube el sueldo a 4.000 pesetas anuales.

En 1927 ocupa el puesto de alcalde y como Presidente de la Junta del balneario en varios años. En marzo de 1931 el alcalde en ese momento de Baños de Montemayor, denuncia a Victoriano Mandado ante el Inspector de Primera Enseñanza de Plasencia, dando a entender que no estaba en sus cabales, y como primera medida que se tomó contra él fue el desautorizarle para que siguiera dando clases a los niños que preparaba particularmente.

 En 1934 accede a la dirección de las nuevas escuelas graduadas de Baños. En agosto de este mismo año se le hace un homenaje por su fecunda labor pedagógica y social durante los 24 años que llevaba ejerciendo la docencia, con el descubrimiento de un busto que se le hizo. Se unieron a este homenaje muchos alumnos con diferentes carreras. En septiembre de este mismo año presentó Victoriano Mandado ocho alumnos a oposiciones a matrícula de honor, en el Instituto de Cáceres, obteniendo todos dicha matrícula.

Victoriano Mandado Mediante y el alumno Fermín Chamorro Chorro

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