Tercera observación
Esteban Gómez, de Esteban, vecino de Baños de Montemayor, de edad de sesenta y cinco años, de oficio carpintero, el 22 de agosto de 1827 presentaba síntomas de una “intermitente terciana” (calenturas cada tres días), que se disiparon en el mismo día con sudor.
El 24 repitieron los síntomas con más vehemencia, produciendo vómitos biliosos y diarrea del mismo carácter, pero todo desapareció con la presentación del sudor.
El 26, a instancias del paciente (no admitió sanguijuelas), se ordenó por parte del médico se le diera un ligero emético (vomitivo) y aunque receloso de que le podría ocasionar algún desorden, no pensó que causara tal desenfreno de vómitos, que fueron inútiles los ácidos, fomentos y bebidas frías. La respiración anhelosa, la inquietud del paciente, la retracción del pulso, y un copioso sudor frío anunciaban un verdadero síncope. Se le reanimó un poco con los espirituosos, se le estimuló la piel en diferentes puntos con sinapismos (cataplasma hecha con polvo de mostaza) y se le puso en estado de darle quina, tomando de hora en hora una dracma (8 dracmas equivalían a 1 onza medicinal, unos 29 gramos), administrándole lavativas de lo mismo, de suerte que en ocho horas recibió onza y media por arriba y por abajo.
El día 27 recuperado del síncope, se quejaba de gran desazón en el estómago y vientre con gran ardor, la calentura continuaba sin vómitos ni deposiciones, y tratando de combatir con sanguijuelas la sobre irritación causada por la quina, la esposa presente en esos momentos se negó a ponerle dichas sanguijuelas. El doctor le puso en la disyuntiva de aceptar no ponerle las sanguijuelas y que el enfermo no recuperara la salud o bien hacer caso a la medicina y volver a sanar a su marido. La esposa estaba aturdida y sin saber qué contestar, y en esos momentos el marido en medio de su cruel agitación suplicó que se le aplicasen sin pérdida de tiempo. Así el médico le hizo poner doce sanguijuelas sobre el epigastrio y otras tantas sobre la región umbilical. A las tres horas después de su aplicación todo cedió, quedándose dormido y cuando despertó pidió alimento, que no se le permitió por permanecer aún la lengua en malas condiciones. Se le dio medio cuartillo de agua de limón gomosa fría de nieve, con el que volvió a dormir por cuatro horas.
Curación con sanguijuelas

El día 28 amaneció sin calentura, pero se quejaba de ardor y dolor en el vientre. Se le aplicaron doce sanguijuelas en el sitio dolorido, agua de limón gomosa a discreción, fomentos de leche fría sobre el vientre, dos lavativas de lo mismo con yema de huevo, una taza de agua de arroz azucarada por la noche, descansando hasta la mañana siguiente.
El día 29, no tuvo ningún dolor, solo algo de ardor en el vientre, por lo que se le dispusieron fomentos y lavativas, una jícara de chocolate por la mañana, sopa de arroz al mediodía y una pera cocida por la noche. (Jícara: vasija pequeña, generalmente de loza, que solía emplearse para tomar chocolate.)
El día 30, las deposiciones de vientre eran normales, ya no tenía ardor ni dolor, la lengua estaba húmeda, dilatada y de color natural. Tomó el mismo alimento que el día anterior.
El día 31, décimo y último de la visita del médico. Este día se le permitió usar con moderación del alimento acostumbrado en estado de salud y aunque tardó algún tiempo en recobrar las fuerzas y carnes perdidas, porque su avanzada edad no permitía otra cosa, no volvió a sentir la menor indisposición y en esa fecha trabajaba como antes en su oficio de carpintero.
Hurtado de Mendoza hizo una relación a finales de octubre de 1827, una vez pasada la epidemia de gastritis, donde anotó el nombre de cada vecino que pudo curarse de la enfermedad y otra anotación con los que no pudieron superarla.
1.- Juan Amigo, edad veinte y ocho años, casado. Dieta, atemperantes (ácidos cítricos, como el limón, naranja etc) y veinte y cuatro sanguijuelas sobre la boca del estómago el 6 de agosto.
2.- Antonio González, edad cincuenta y un años, casado. Dieta, limonadas, atemperantes y veinte y cuatro sanguijuelas en el mismo sitio el 8 de agosto.
3.- Ramón Campo, edad veinte y ocho años, casado. Dieta, emulsión gomosa, veinte y dos sanguijuelas en el mismo sitio; día 9 de agosto.
4.- Pedro Álvarez, edad treinta y tres años, casado. Dieta, agua de limón de nieve: veinte y cuatro sanguijuelas sobre el epigastrio; día 16 de agosto: al mismo diez y ocho sobre las yugulares el 19 del dicho.
5.- Carmela Redondo, edad diez y nueve años, soltera. Dieta, agua de limón; veinte y cuatro sanguijuelas a la boca del estómago en 19 de agosto.
6.- Pedro Regidor, edad veinte y tres años, soltero: dieta atemperante, agua de limón de nieve, cuarenta y ocho sanguijuelas sobre el estómago y cuello, día 22 de agosto.
7.- Lorenzo Díaz, edad cuarenta años, casado. Dieta, agua de limón gomosa, veinte y cuatro sanguijuelas en dicho sitio. Día 23 de agosto.
8.- Antonio Redondo, edad setenta y dos años, casado. Dieta, emulsión gomosa, aplicación de diez y seis sanguijuelas sobre el hipogastrio. Día 24 de agosto.
9.- Manuel Redondo, edad veinte y cuatro años, soltero. Dieta, agua de limón de nieve, veinte y ocho sanguijuelas sobre el epigastrio. En 26 de agosto.
10.- Esteban Gómez, edad veinte y ocho años, casado. Dieta, agua de cebada nitrada, veinte y cuatro sanguijuelas sobre el epigastrio, en 29 de agosto.
11.- Don Mateo Gómez, edad sesenta y ocho años, viudo. Dieta, aplicación de doche sanguijuelas en dicho día sobre las yugulares.
12. Francisco Álvarez, edad veinte y nueve años, casado. Dieta, limonada, veinte y cuatro sanguijuelas a la boca del estómago en el mismo día.
13.- Manuel Rodríguez, edad cuarenta y cuatro años, casado. Dieta, atemperante gomoso, veinte y cuatro sanguijuelas en dicho sitio, en 1 de septiembre.
14.- Anastasia González, edad cuarenta y cuatro años, casada. Dieta, agua de limón, veinte y dos sanguijuelas, día 3 de septiembre en dicho sitio.
15.- Domingo Pedraza, edad quince años, soltero. Dieta, agua de cebada gomosa, diez y ocho sanguijuelas sobre el epigastrio, día 3 de septiembre.
16.- Francisco Gómez de Esteban, edad diez y nueve años, casado. Dieta, atemperante gomoso, veinte sanguijuelas en dicho sitio, día 5 de septiembre.
17.- Fernando Pacheco, edad cincuenta y dos años, casado. Dieta, agua de limón de nieve, veinte y cuatro sanguijuelas en el citado sitio, día 20 de septiembre.
18.- Ramón Pacheco, su hijo, edad trece años, soltero. Dieta, diez y ocho sanguijuelas en el mismo sitio el mismo día.
19. Ana Solla, edad diez y nueve años, soltera. Dieta de agua de limón de nieve, veinte y cuatro sanguijuelas en el mismo sitio el 22 de septiembre.
20.- Diego Muñoz, edad veinte y ocho años, casado. Dieta, agua de limón diez y ocho sanguijuelas en el mismo sitio el mismo día.
21.- Don Francisco Simón de Plasencia, edad cincuenta y un años, casado. Dieta, agua de limón, treinta sanguijuelas en la región iliaca derecha en dicho mes y día.
22.- Rafael Martín, edad veinte y cuatro años, casado. Dieta, diez y seis sanguijuelas sobre las sienes, día 24 de septiembre.
23. Teresa Guardado, edad veinte y cinco años, casada. Dieta, aplicación de diez y ocho sanguijuelas sobre las sienes. Día 26 de septiembre.
24.- Ignacia Iglesias, edad quince años, soltera. Dieta, atemperante gomoso, doce sanguijuelas en dicho sitio, dicho día. A la misa y en el mismo día diez y seis sanguijuelas sobre el estómago.
25.- Mata Regidor, edad veinte años, soltera. Dieta, conocimiento pectoral gomoso, diez y ocho sanguijuelas sobre el costado izquierdo, día 28 de septiembre. A la misma sobre el estómago dicho día otras doce sanguijuelas.
26.- Manuela Aguilar, edad diez y seis años, soltera. Dieta, catorce sanguijuelas sobre el epigastrio, d´´ia 28 de septiembre.
27.- Ana, (vulgo la perica), edad sesenta y seis años, dieta, aplicación de treinta sanguijuelas en la región iliaca derecha día 19 de septiembre.
28.- Carmela Alcántara, edad diez y seis años, soltera. Dieta, diez y ocho sanguijuelas sobre el estómago, día 29 de septiembre.
29.- Santiago Muñoz, edad cincuenta años, casado diez y ocho sanguijuelas sobre la rodilla izquierda, dicho día.
30.- Águeda Guijo, edad once años, dieta, agua de limón, doce sanguijuelas sobre el epigastrio. Dicho día.
31.- María Robles, edad veinte y nueve años, dieta, veinte y dos sanguijuelas en el cuello.
32.- Catalina Roble edad treinta y dos años, soltera. Dieta, agua de limón, treinta y dos sanguijuelas sobre el abdomen. Dicho mes y día.
33.- María Flores, edad treinta y cinco años, casada. Dieta, pectoral gomoso, veinte y cuatro sanguijuelas a la boca del estómago, en 30 de septiembre.
34.- Eduvigis Martín, edad cinco años, dieta, agua de limón, ocho sanguijuelas sobre el estómago, en dicho día.
35.- Ana González, edad cincuenta y ocho años, viuda. Dieta, emulsión gomosa, diez y ocho sangujuelas sobre el estómago, en dicho día.
Las sanguijuelas consumidas en los dos meses de agosto y septiembre fueron 798.
Sanguijuelas

Vecinos que fallecieron, según Hurtado de Mendoza, por no aceptar el método de sanguijuelas, dieta y bebidas atemperantes.
1.- Diego Regidor, citado en la segunda observación.
2.- Francisco Campo Andrino, de esta vecindad, edad cincuenta y nueve años.
3. Manuela Gómez de Félix Sánchez Colmenar, de la misma vecindad, edad cincuenta y ocho años.
4.- Diego Martín, natural y vecino de dicho pueblo, edad noventa y cuatro años.
5.- Bartolomé Regidor, natural y vecino del mismo, edad setenta y nueve años.
6.- Juan Mansilla, de la misma vecindad, edad cuarenta y un años.
Esta relación se hizo el 20 de octubre de 1827.
Cuarta observación.
Gastritis curada con el método antiflogístico (sanguijuelas, dieta y atemperantes) en una edad muy avanzada.
En este caso el médico que ejercía en Baños de Montemayor era Antonio Marcos Velázquez. La fecha de esta curación se enmarca entre febrero y marzo de 1828.
Don Bernardo Ángel Medina, de setenta años, cura rector de la parroquia de santa María de Baños de Montemayor, tuvo una ligera indigestión el 19 de febrero y a consecuencia de ella adquirió una gastritis, que él mismo llamó constipación.
Cuatro días estuvo sin recibir asistencia del facultativo, (la fe y la ciencia no han sido buenos compañeros de viaje), pero el día 23 del mismo mes, viendo que su indisposición iba en aumento, mandó llamar al médico para que pudiera encargarse de su asistencia. Una vez el médico se hizo cargo del paciente le examinó detenidamente, y según sus propias palabras “tenía el pulso bastante acelerado, el rostro encendido, respiración estertorosa, lengua saburrosa, con punta aguda y bordes encendidos, vientre perezoso, orina clara y sin dolor pronunciado en parte alguna”. Pero al poner la mano sobre el estómago se percibían los latidos de la arteria pilórica, que justificaba la anhelosa respiración.
Este estado producido no solamente por la irritación causada de la indigestión, sino también por la supresión repentina de la transpiración, según contó el paciente, hubiera podido causar la denominada pulmonía falsa o neumonía atípica.
El primer día de visita se mantuvo al paciente en rigurosa dieta, con privación absoluta de todo alimento y solo podía beber agua de naranja, con la que empezó a sudar copiosamente, y la calentura cedió, tanto que el cura ya se veía fuera de la enfermedad, volviendo a comentar que solo fue una constipación lo que había padecido. Pero este alivio le duró poco porque a las siete de la noche el mismo día volvió a subir la fiebre, con tos molesta, seca y pertinaz, dificultad en la respiración y bastante desasosiego.

La mañana del 24 el médico observo que el paciente respiraba con dificultad, siempre con fiebre, por lo que se dispuso el medico a aplicarle sanguijuelas sobre el epigastrio, pero como sabía que el paciente no estaba de acuerdo con la nueva medicina que proponía el uso y aplicación de sanguijuelas y la dieta estricta, el médico le comunicó lo siguiente:
“Señor don Bernardo, esto ya no es una constipación según presumíamos, yo caracterizo la enfermedad de usted de una verdadera inflamación que ejerce su acción sobre la mucosa del estómago y la serosa pulmonar, veo hay gran necesidad de la aplicación de sanguijuelas y la rigurosa dieta, pero para satisfacción de usted y mía sería muy gustoso convocase a junta a otro facultativo para que de acuerdo estableciésemos el plan de curación”.
Pero el paciente, convencido acaso por los muchos y felices resultados que diariamente se estaba produciendo con la rigurosa dieta y aplicación de sanguijuelas, se entregó ciegamente a la disposición médica. Y sin pérdida de tiempo se le aplicaron treinta y dos sanguijuelas sobre la boca del estómago, su efecto, según palabras del facultativo, fue “prodigioso, pues extrajeron más de cuatro onzas de sangre de consistencia meconial, y al paso que después iban sangrando las cisuras, el pulso se iba dilatando y la respiración se verificaba con más libertad, la noche fue tranquila hasta el amanecer, que tuvo varios golpes de tos para expeler algunas flemas insípidas y glutinosas”.
Recolectoras de sanguijuelas. Cuadro de Duncan P. Walker, 1890
El día 25, continuó la fiebre, no tomó alimento y bebió agua de naranja a discreción, cocimiento pectoral gomoso para la noche, y tuvo menos tos que la anterior.
El cocimiento pectoral gomoso, llamado azúcar pectoral se preparaba cociendo agua con azúcar en la proporción de 9 onzas de azúcar por 16 pasas de uva, 26 gr de cebada, una onza de regaliz, una camuesa mondada, 8 higos y una onza de azofaifas.
El día 26 ya no tuvo fiebre, y tenía apetito por lo que se dispuso a tomar media jícara de chocolate por la mañana, agua de arroz azucarada al medio día, y cocimiento pectoral por la noche.
El 27 agua de naranja a discreción, chocolate por la mañana, sopa de arroz al medio día, acelgas, caldo ensopado, y pera cocida por la noche habiéndola pasado incómoda, y con algo de alteración en el pulso.
El 28 no se le permitió más que una taza de arroz azucarada, y una pera cocida por la noche, notando que en todo este tiempo de la enfermedad no había hecho más que una deposición de vientre de materiales duros, resecos y encendidos, se le dispuso una lavativa de leche con yema de huevo fría, que recibió con placer, y con la que depuso un material más regulado.
El 29 tenía el pulso natural, desfallecimiento, hambre pronunciada, por lo que se dispuso tomara chocolate por la mañana, sopa de arroz y alón de gallina al medio día. Acelgas y pera cocida por la noche. Sueño natural.

El 1 de marzo 1828, el mismo método: lavativa emoliente por la noche, con la que hizo una gran deposición de excrementos como en el estado de salud, orina abundante y con sedimentos.
El día 2 empezó a pasear y a usar gradualmente el método de vida que tenía en su salud y desde el 9 del mismo mes volvió a ejercer su ministerio, asistiendo a los oficios divinos con toda la exactitud y celo que siempre había acostumbrado dicho párroco, y seguía con su salud completa.
Como reflexión el médico en su apreciación sobre el paciente comenta que es sujeto de bastante ciencia, imbuido del ontologismo (movimiento filosófico que afirma la presencia de ideas innatas en la mente humana y la posibilidad del entendimiento humano de conocer la esencia divina), pero convencido ya en si mismo por una tan pronta como feliz curación, confiesa ingenuamente que el método broussaico (sanguijuelas, dieta y atemperantes) es el más racional, sencillo, eficaz y seguro de todos los que en el día se conocen.
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