Juan Orellana: de torero a héroe, 1899

En la tarde del 31 de agosto de 1899, se celebraban las fiestas de Baños en honor a su patrono San Ramón, con capea y toro de muerte en la plaza de la Huelga (hoy Plaza Pizarro). Una vez preparados los lidiadores, se dio suelta a un toro de seis años y 30 arrobas de peso. En la plaza no había más toreros de profesión que el matador Juan Orellana y un compañero suyo, que vestía de paisano. Buscando el toro la huida acometió a los maderos que cerraban la plaza y al estar poco anudadas las cuerdas, se soltaron y se partieron los maderos, dejando paso franco al toro que se halló fuera de la plaza, enfilando un callejón donde se encontraban más de 50 personas, que al hallarse con la res encima, sin medios de huida, cundió el pánico, apelotonándose y viendo llegar la muerte. Y en aquél instante, Juan Orellana el desconocido torerillo de capea, arrojó el capote, metiéndose en la calleja, cogiendo el rabo del toro y coleó, coleó largo rato entre tablones rotos y las personas derribadas, sin espacio para revolverse ni lugar seguro donde fijar la planta, luchando brazo a brazo, de tal suerte que sacó al toro y salvó a los aterrorizados vecinos, y vuelto a la plaza el toro, continuó su coleo, pero exhaustas sus fuerzas o resbalando su pie, cayó al suelo, y entonces la fiera le acometió y corneó repetidas veces, hundiendo los pitones en las carnes del torero, (en concreto en su muslo izquierdo, que fue mortal), golpeándole contra el suelo. El compañero inepto u horrorizado, no hizo el quite. Los mozos de la plaza distrajeron al fin a la res, a la que enmaromaron y dieron muerte y Juan de Orellana fue trasladado a la casa de caridad, donde a las dos horas moría.

Coleo del toro

La corporación municipal reunida dos días después del suceso expresó su sentimiento por la muerte del torero Juan Orellana (1869-1899). En dicha acta se reconoce con satisfacción que tanto la corporación al completo, como otras autoridades y demás vecinos, concurrieran en gran número a los funerales ofrecidos por el alma del desgraciado torero, y propuso a su vez el presidente municipal un voto de gracia para el párroco de santa María por el interés demostrado en este asunto, al renunciar a sus derechos de entierro.

Acta municipal donde se expresa el sentimiento de todo el pueblo

Partida de defunción de Juan Orellana, que fue enterrado en este pueblo.

En el margen: Juan Orellana, consorte de Emilia Cañas

En el pueblo de Baños, obispado de Coria, provincia de Cáceres el día primero de septiembre del año de mil ochocientos noventa y nueve se dio sepultura en el cementerio de este pueblo al cadáver de Juan Orellana Medina, de treinta años de edad, natural de Montellano, Sevilla, consorte de Emilia Cañas, hijo legítimo de Cristóbal y Teresa, el que falleció el día anterior al de esta fecha en la casa de caridad de este pueblo, a consecuencia de golpes y heridas producidas por un toro, cuyo oficio tenía el finado. Falleció a las seis de la tarde según certificación de este juzgado municipal. Solo pudo recibir el sacramento de la extremaunción sub conditione, por llegar ya moribundo de la plaza a dicha casa de caridad. Se le hizo entierro de misericordia, pero con diáconos y subida al cementerio, por su heroísmo en la plaza, librando el pueblo de una hecatombe y perdiendo su vida por salvar a infinidad de personas. Y por ser todo verdad lo firmo                                                                    Casimiro Vegas

Incidentes como los que he narrado sirvieron de base para regular las capeas y corridas de toros en sitios no autorizados. A principios del siglo XX, se produjeron una sucesión de Reales Órdenes prohibiendo los festejos taurinos en los años 1900, 1904 y 1908. Pero estas órdenes no llegaron a cuajar del todo porque a pesar de ellas se siguieron realizando eventos taurinos. No obstante, la orden de 1908 hizo que las corridas de toros y capeas no se volvieran a realizar en la plaza de la Huelga. Se establecía en dicha orden que las corridas de toros solo se podrían celebrar en plazas construidos de fábrica de modo permanente, debiendo ajustarse, en cuanto dimensiones y demás requisitos a los preceptos reguladores de esta materia. Fue tan explícita la orden que si algún alcalde permitía que se celebraran capeas en plazas y calles de las poblaciones o corridas de toros en locales que no reunieran las condiciones impuestas podía ser cesado por el gobernador civil.

 Asimismo, en los espectáculos que se celebraran contraviniendo lo dispuesto en dicha orden, si alguna persona saliera herida o muerta, el gobernador civil tenía la potestad de ponerlo en conocimiento del ministerio fiscal para que procediera ante los tribunales de justicia si hubo culpa o negligencia por parte del alcalde.

Así las cosas, 1908 fue el último año en que se celebran en la plaza de la Huelga las capeas y corridas de toros. La sustituye una plaza pequeña con forma rectangular situada en el arenal que se le denominaba plaza “pelines”. En un proyecto efectuado en abril de 1909, para cerrar parte del río abierto en el centro del pueblo, aparece dibujada dicha plaza como vemos en la fotografía.

En 1910 Eulogio Navas Regidor, construye en un terreno de su propiedad, una plaza de toros modesta para explotarla, pero al no darle buen resultado, la donó al pueblo sin interés alguno para que los bañistas y forasteros que venían al pueblo pudieran tener algo de distracción, y para que el ayuntamiento terminara de construirla, reservándose el derecho para él y sus descendientes de tener una localidad o superficie de cinco metros de fachada delantera, ocho en la de atrás y quince metros de longitud para disfrutar de los festejos taurinos que se celebraran. El ayuntamiento acepta tal donación pasando a ser la nueva plaza de toros de Baños que con algunos cambios es en la que hoy día se celebran los actos taurinos.

Ángel Fernández Pedraza «Angelete» durante un corrida homenaje en 1916 en la plaza de toros de Baños

5 comentarios sobre “Juan Orellana: de torero a héroe, 1899

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  1. Al cumplirse el centenario del luctuoso suceso, el Ayuntamiento acordó dirigir escrito al Consistorio de donde era natural dicho torero, Juan Orellana, para contactar con sus descendientes, así se hizo, pero no se obtuvo contestación.
    El callejón pudo se el que va junto a la casa de Mariano.

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